diarioresponsable.com | Rogeio Oré | El bienestar de los habitantes de un país no puede medirse más por su renta per cápita en función al PIB; es un indicador desfasado, y como todo promedio: engañoso. No puede considerarse adecuado un indicador donde Catar y Brunéi aparecen por encima de Suiza y Alemania. Por donde se mire es inapropiado.

¿De qué le sirve a un ciudadano común de São Paulo el PIB de Brasil, si su sueldo mensual no le alcanza para pagar sus facturas? ¿De que le sirve al ciudadano medio de Lima que crezcan las Reservas Internacionales del Perú -otro dato “macro” muy usado- si para tener atención médica en un hospital público tiene que soportar maltratos o sortear alguna huelga?

Medir la calidad de vida de los ciudadanos va más allá de lo económico; abarca otros aspectos integrales, de manera que se apunten a objetivos óptimos y no a los mínimos. Una herramienta que se enmarca en ese nuevo enfoque es la Felicidad Nacional Bruta (FNB), que se ha desarrollado en la pequeña nación asiática: Bután. En 2007 fue la segunda economía que más rápido creció a nivel global. En su sistema sanitario los ciudadanos pueden elegir entre la medicina tradicional y occidental. La educación es totalmente gratuita. El país aspira a convertirse en la primera nación con agricultura orgánica. Y a diferencia de otros países la democracia no llegó por presión ciudadana: fue el rey quien la introdujo. El artículo 9.2 de su constitución establece: «El Estado se esforzará en promover las condiciones que permitan la consecución de la Felicidad Nacional Bruta».

Bután esta actualmente intercambiando experiencias con Ecuador, México y Bolivia. En un encuentro realizado a principios este mes en La Paz, la representante de Bután, Tshoki Zangmo afirmó: «La felicidad de los habitantes es el valor supremo constitucional de Bután [...] El índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB) es más importante que el PIB, porque si el Gobierno no puede crear felicidad, no tiene ningún propósito». El representante del Banco Mundial en Bolivia, Faris Hadad-Zervos, que participó en dicho encuentro afirmó: «Experiencias en todo el mundo muestran que el aumento del PBI es necesario para el desarrollo económico pero es insuficiente. Se necesitan otras variables como las culturales, las de auto realización, de equidad y de oportunidad».

Aunque son estadistas de países del Sur los que están considerando más en serio nuevas metodologías de medición del progreso, no son los únicos. Existen políticos europeos que han aportado su punto de vista. A David Cameron se le atribuyen estas palabras: «Ha llegado la hora de que admitamos que hay más cosas en la vida que el dinero y ha llegado la hora de que nos centremos no solo en el PIB, sino en una felicidad general». También se han sumado al debate premios Nobel como Joseph E. Stiglitz y Amartya Sen, o incluso un economista como Jeffrey Sachs; de enfoques distintos a los dos anteriores. Sach, que en 2011 participó en un encuentro en Bután, afirmó: «Sin duda, deberíamos respaldar el crecimiento económico y el desarrollo, pero solo en un contexto más amplio que promueva la sostenibilidad ambiental y los valores de la compasión y la honestidad que se necesitan para generar confianza social. La búsqueda de la felicidad no debería estar confinada a Bután». (El País, 04.09.2011).

Es tiempo de tomar en serio las nuevas demandas ciudadanas. Ya no sirve la política del “pan y circo” y para muestra Brasil; donde un mundial de fútbol, que antes hubiera sido avalado por unanimidad, hoy es cuestionado seriamente. Es hora de elevar los objetivos sociales centrados en los bienes por otros que promuevan una vida más digna, basada en valores éticos y no monetarios. Gobiernos, empresas y ciudadanos estamos frente a una gran oportunidad para asumir de una buena vez el reto de vivir mejor, sin complejos y sin postergaciones.

¡Comparte este contenido en redes!

Síguenos

Síguenos en Twitter Síguenos en Facebook
Top