diarioresponsable.comONG, gobiernos, empresas y... Derechos Humanos; hasta hace poco parecían cuatro esquinas de una mesa con tres patas. Las reticencias de uno y otro sector, los intereses contrapuestos y los líderes gremiales llevaron en muchos casos a conflictos sociales y legales con resultados insatisfactorios para todas las partes. Esta situación está cambiando y ahora existen iniciativas y estándares que intentan armonizar los intereses de todos los grupos en base a objetivos comunes. Las negociaciones no son fáciles, pero se demuestra que los acuerdos sobre la mesa son posibles

Los denominados Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos -basados en la Carta Internacional de DDHH y en principios de la OIT- constituyen un estándar fiable para evaluar, gestionar y legislar la actuación de las corporaciones en esta materia. Este marco regulatorio de carácter universal es el más completo hasta la fecha y abarca a todos los estados y empresas, independientemente de su tamaño, sector, ubicación o propiedad.

La semana pasada en un foro sobre Empresas y Derechos Humanos organizado por Socios-Perú en la ciudad de Lima, pudimos conocer los avances en la implementación de los Principios Rectores de la mano de Alexandra Guáqueta, Presidenta del Grupo de Trabajo sobre Empresas y DDHH de la ONU. El evento logró reunir en una sala, además de los expertos de Naciones Unidas, a empresas financieras y mineras, ONG’s, embajadores de países europeos y expertos con buena disposición al diálogo y el consenso. Un evento donde se podía aprender, enseñar y discrepar sin que ello signifique quebrar el clima de cordialidad.

El foro también fue una muestra inequívoca que se avanza no solo en aspectos técnicos y legales; sino también en otros no menos importantes como la actitud y la disposición a los proyectos conjuntos. El encuentro demostró que los consensos no están hechos solo de cifras y números; de intereses y transacciones; sino de componentes sociales más sutiles como un clima de confianza que a veces se descuida, enfrascados los gremios en defender posiciones a ultranza, cual generales y ejércitos dispuestos al combate.

Lo que sí extrañé en estos diálogos –y lo mencioné públicamente- es la escasa importancia otorgada a la participación de la sociedad civil en el tema, cuando debiera ser el principal socio y fiscalizador de estos avances. Algunos ciudadanos y activistas están demostrando su implicación social al margen de las tradicionales organizaciones que solían representarlos. Entienden que las consecuencias de los problemas sociales atañen a todos, y las responsabilidades también. El ciudadano global es un actor clave que explica los actuales cambios económicos, políticos y culturales en la cambiante dinámica de la sociedades.

En el Perú actual, con innegables avances económicos, los retos en materia de Derechos Humanos y de los llamados DESC (Derechos Económicos Sociales y Culturales) son todavía importantes; igual que en toda América Latina, donde persisten los problemas de inequidad a pesar de las mareantes cifras de crecimiento y PBI. Es probablemente el gran reto latinoamericano: lograr que los beneficios alcancen a las mayorías, y que los indicadores de la calidad de vida no se basen en mínimos, sino en metas loables. La forma en que las empresas y los gobiernos asuman este reto determinará el rumbo de la sociedad, que finalmente será el de todos los sectores.

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