CalidadEn estos años hiper tecnológicos, cuando se asume que la calidad es un componente implícito en los productos; o cuando la escasez de recursos focaliza la atención de los compradores en el precio... los profesionales de la calidad en todo el mundo escogen un día para recordar que la calidad ha sido, sigue, y seguirá siendo un componente vital de todo producto o servicio; consecuentemente de cualquier organización.

 El pasado 14 de noviembre, la Asociación Española para la Calidad (AEC) apoyada  por el Ministerio de Industria Energía y Turismo (MIET), celebró en Madrid el Día Mundial de la Calidad, que anualmente se realiza el segundo jueves de noviembre. El World Quality Day fue introducido por Naciones Unidas en 1990 para concienciar sobre la contribución que la calidad hace al crecimiento y la prosperidad de las organizaciones y naciones.

 El evento también fue una oportunidad para el balance; para el recuerdo. Antonio Muñoz (Directivo del MIET), emocionado ante un auditorio rebosante, recordó que unas décadas atrás «íbamos por España como un grupo de teatro con su carromato, llevando el estandarte de la calidad [...] En algunas conferencias a veces los ponentes superaban a los asistentes. Recuerdo alguna donde habían seis ponentes y cuatro asistentes; nos fuimos todos a un bar a tomar café y charlar de calidad [...]. En el año 92 había 62 empresas con certificados ISO 9000; ahora hay más de 60.000». 

 Beatriz Rivera, Directora de la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC), reivindicó la faceta estratégica de su institución: «Somos un aliado para las empresas españolas en la colocación de sus productos en el mercado internacional. Si hay problemas para alguna de ellas, cojo el teléfono y llamo a mi contraparte, sea chino, chileno o sudafricano». El Director de la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR), Avelino Brito, mostró orgullo por sus números: más de 30.000 normas editadas en Español. Fernando Ferrer, Director del Centro Español de Metrología (CEM), se quejó de un grueso recorte en sus presupuestos, lo que a su entender mermará en los próximos años la capacidad española en la calibración y el  mantenimiento.

 Finalmente, tuve la suerte de reencontrarme con Miguel Udaondo, docente, escritor, y experto en calidad. Uno de los pioneros en centrar el TQM en las personas y no en los procesos. Recuerdo cuando nos transmitía que la calidad no era aquel concepto frío y maniqueo que divide el mundo entre lo bueno y lo malo; sino una idea en constante evolución y asociada incluso con el humor. Que no era una disciplina cerrada y limitada, sino que abarcaba a pensadores tan heterodoxos como Anthony de Mello, Edward de Bono o el mismísimo Lao-Tsé.

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