zapatos_masaiLa marca Pikolinos acaba de comenzar a comercializar sus zapatos más solidarios, que en España se venderán en los centros de El Corte Inglés, pero que además llegarán a otros países como Francia, Estados Unidos, Rusia o Reino Unido. La particularidad de esta nueva línea de calzado y complementos es que está diseñada y elaborada en Kenia, por mujeres de la tribu  Maasai, declarada en peligro de extinción por Naciones Unidas.

 

Este proyecto, surgido de la colaboración de Pikolinos con Adcam (Asociación de desarrollo, comercio alternativo y microcrédito), una organización dirigida a la promoción de proyectos sociales en diferentes lugares del mundo y especializada en educación, mujer y microcrédito, se inició con una experiencia piloto en 2007. Pero ha fraguado ahora con la comercialización de 10.000 unidades elaboradas gracias al trabajo de mil mujeres Maasai.

Ellas han sido las encargadas de bordar la piel de los zapatos y bolsos con su artesanía típica. A cambio han recibido, en muchos casos por primera vez en su vida, un salario que les permitirá hacer frente a la educación y a la sanidad de sus familias y su comunidad, algo hasta ahora reservado en muchos lugares de África sólo a los hombres.

Las Maasai no sólo han percibido de Pikolinos un sueldo justo por su trabajo, sino que la firma les entregará todos los beneficios obtenidos de la venta de los productos. Eso les está permitiendo ya la posibilidad de comprar vacas y cabras, construir una escuela para 400 niños en plena sabana africana y mantener un remanente de dinero destinado al caso de que uno de los niños requiera hospitalización.

Los responsables de Pikolinos aseguran que con la extensión de este proyecto la empresa consigue dar un paso más en su visión de la responsabilidad corporativa y en la búsqueda del comercio justo.

Durante la presentación de la iniciativa William, uno de sus líderes guerreros, explicó  que él había tenido desde siempre la idea de reconocer los derechos de las mujeres, algo que, según aseguró  le había granjeado en el pasado algunos problemas, “especialmente por parte de los hombres más mayores de la comunidad”.

 Sin embargo ahora, y en vista de los resultados del proyecto llevado a cabo gracias al encargo de Pikolinos, las cosas están cambiando. Tiene que ver mucho en este cambio de percepción el beneficio generado por la posibilidad de comprar ganado y de educar a los más pequeños. Tanto están cambiando las cosas que en algunos casos son los hombres los encargados de cuidar a los niños y de preparar la comida mientras las mujeres fabrican los zapatos.

William se encarga de llevar el control de lo ganado y de asegurarse de que el dinero se invierte “de manera correcta. De lo contrario, no tendremos desarrollo”, argumentó.

La red de microcréditos para la compra de ganado gracias a los sueldos percibidos ya ha empezado a funcionar y en la nueva escuela ya hay 107 niños escolarizados y la comunidad funciona gracias a unos ingresos estables que permiten además la compra de comida o medicamentos.

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