En los últimos tiempos, nuestro día a día se ve constantemente por una retahíla de noticias que parecen girar en torno a un único tema: la crisis. El seísmo provocado por el descalabro de algunos sectores del sistema financiero ha sacudido la economía mundial hasta los cimientos, provocando una reacción en cadena a escala mundial sin precedentes; oímos hablar insistentemente de reajuste, deflación, recesión... y así hasta el infinito, mientras empresas y particulares intentan capear el temporal del mejor modo posible, oteando un horizonte que no se presenta plácido a corto plazo.
Ramón Prats
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En los últimos tiempos, nuestro día a día se ve constantemente por una retahíla de noticias que parecen girar en torno a un único tema: la crisis. El seísmo provocado por el descalabro de algunos sectores del sistema financiero ha sacudido la economía mundial hasta los cimientos, provocando una reacción en cadena a escala mundial sin precedentes; oímos hablar insistentemente de reajuste, deflación, recesión... y así hasta el infinito, mientras empresas y particulares intentan capear el temporal del mejor modo posible, oteando un horizonte que no se presenta plácido a corto plazo. |
Los valores deben ser aquello que confiere un sentido profundo a las acciones que emprendemos, ese estilo propio del que queremos impregnar nuestros esfuerzos, y mediante los que buscamos añadir ese algo más que nos haga distintos. Los valores son maleables, se transforman ante las demandas de un mundo en constante cambio, pero siempre dirigidos hacia el bien común y la mejora del servicio, que es el fin último de nuestra existencia. Como apunta Koichiro Matsuura, Director General de la UNESCO, la reflexión ética es un ejercicio delicado, ya que requiere capacidad de anticipación: no hay que pretender describir los valores, sino entender cómo pueden transformarse, y transformarnos a su vez.
El desafío en nuestros días pasa por seguir trabajando de forma ética y responsable, pero en un marco de interrelaciones cada vez más complejas, de incertidumbres que constituyen por igual tanto una amenaza como una oportunidad. Probablemente sean sobradamente conocidas las inspiradoras palabras de Albert Einstein, quien estaba convencido que la creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura, y que es en la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.