
En un contexto marcado por la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad, la restauración de los ecosistemas ofrece señales esperanzadoras. Desde los arrecifes de coral de Indonesia hasta las áreas de reproducción del salmón en Canadá, diferentes iniciativas están contribuyendo a recuperar espacios naturales degradados. Sin embargo, la magnitud de los desafíos ambientales exige incrementar las inversiones y abordar las actividades que continúan destruyendo la naturaleza.
Así lo advierte el informe El regreso de la naturaleza: ampliar la restauración de los ecosistemas para las personas y el planeta, presentado durante la COP17 sobre biodiversidad, celebrada en Ereván, Armenia. El documento, elaborado conjuntamente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, analiza los avances y las dificultades de los esfuerzos internacionales para recuperar la naturaleza.
Según los datos publicados, actualmente existen 252 millones de hectáreas terrestres y marinas en proceso de restauración, una extensión comparable a la superficie de Kazajistán. Las actuaciones se distribuyen entre 149 países y representan el mayor esfuerzo de recuperación ecológica documentado hasta el momento. Además de sus beneficios ambientales, estas iniciativas han permitido generar más de un millón de empleos verdes.
Para Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, estos resultados reflejan la aparición de uno de los movimientos de protección y recuperación de la naturaleza más importantes de la historia.
Pese a los progresos, Naciones Unidas advierte de que el ritmo actual resulta insuficiente para alcanzar las metas internacionales. El informe se publica cuando la Década de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas, iniciada en 2021 y prevista hasta 2030, ha recorrido aproximadamente la mitad de su trayectoria.
Uno de los principales compromisos internacionales consiste en restaurar alrededor de 1.000 millones de hectáreas de superficie terrestre para finales de esta década, una extensión equivalente aproximadamente al territorio de China. A ello se suma el objetivo de conservar el 30 % de los ecosistemas del planeta, establecido en el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, aprobado en 2022.
Para avanzar hacia estas metas, los recursos económicos destinados anualmente a la restauración deberían pasar de los actuales 64.000 millones de dólares a 296.000 millones. Este incremento permitiría ampliar las intervenciones y podría contribuir a generar hasta 32 millones de puestos de trabajo en todo el mundo de aquí a 2030.
La necesidad de acelerar las actuaciones es especialmente urgente en los ecosistemas de agua dulce y en los espacios marinos y costeros, donde los avances siguen siendo más limitados.
La restauración ambiental no solo beneficia a la biodiversidad. Según destaca el informe, recuperar los ecosistemas resulta fundamental para reforzar la seguridad alimentaria, garantizar la disponibilidad de agua, mejorar la capacidad de adaptación frente al cambio climático y favorecer el bienestar de las comunidades.
Las investigaciones recogidas en el documento muestran el potencial de estas actuaciones: restaurar apenas el 15 % de las áreas prioritarias del planeta podría evitar el 60 % de las extinciones de especies previstas. Asimismo, permitiría capturar una cantidad de carbono equivalente al 30 % de las emisiones de dióxido de carbono consideradas en estas estimaciones.
No obstante, los resultados presentan diferencias importantes entre países y tipos de ecosistemas. Mientras que la recuperación de los espacios terrestres ha alcanzado casi la mitad de la meta del 30 %, las actuaciones sobre los ecosistemas marinos y costeros registran avances considerablemente menores.
El director general de la FAO, Qu Dongyu, subrayó que los primeros cinco años de la Década de Naciones Unidas han demostrado la eficacia de la restauración ecológica. Sin embargo, señaló que el siguiente desafío consiste en integrar estas actuaciones en la gestión sostenible del suelo, el agua y los recursos naturales, acompañándolas de una transformación coherente de los sistemas agroalimentarios.
Más allá de ampliar la superficie recuperada, el informe plantea una cuestión fundamental: los proyectos de restauración deben mantenerse durante el tiempo necesario para que los ecosistemas recuperen sus funciones y la biodiversidad pueda regenerarse de manera duradera.
Esto implica que las intervenciones no pueden limitarse a actuaciones puntuales. También deben asegurar beneficios sostenidos para las poblaciones locales y contar con mecanismos que permitan evaluar sus resultados a largo plazo.
En este sentido, Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, advirtió de la contradicción que supone invertir en la recuperación ambiental mientras continúan las actividades responsables de la degradación de los ecosistemas.
La representante de Naciones Unidas reclamó a los gobiernos que actúen sobre las causas que provocan el deterioro de la naturaleza y refuercen los sistemas de seguimiento para garantizar que los avances conseguidos no se pierdan con el tiempo.
El diagnóstico internacional deja así un mensaje doble. Por un lado, la recuperación de millones de hectáreas demuestra que la restauración ecológica puede ofrecer resultados concretos para el planeta y las comunidades. Por otro, alcanzar los compromisos de 2030 requerirá multiplicar la financiación, acelerar las intervenciones en los ecosistemas más rezagados y, sobre todo, evitar que la degradación ambiental continúe neutralizando los esfuerzos de recuperación.