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Las llegadas por mar a Europa desde África Occidental se redujeron casi un 60 % durante el primer semestre de 2026, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Sin embargo, la mortalidad en la ruta atlántica apenas ha disminuido y el endurecimiento de los controles fronterizos está desplazando los trayectos hacia zonas más alejadas, donde las personas migrantes afrontan travesías más largas y peligrosas.
La ruta migratoria hacia Canarias se vuelve más peligrosa pese al descenso de llegadas

La reducción de las llegadas de personas migrantes a las costas europeas no implica necesariamente una disminución de los desplazamientos ni de los riesgos que afrontan quienes buscan alcanzar el continente. Así lo advierte la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que alerta de las consecuencias humanitarias del desplazamiento de las rutas marítimas desde África Occidental hacia puntos de salida cada vez más meridionales.

Durante los primeros seis meses de 2026, un total de 4.566 personas procedentes de Malí, Senegal, Guinea y Gambia fueron registradas tras llegar a Europa por mar. Esta cifra representa una caída cercana al 60 % respecto al mismo periodo del año anterior. Pese a ello, el corredor atlántico que conecta las costas africanas con las islas Canarias continúa siendo la principal vía utilizada por estas poblaciones y concentra el 83 % de las llegadas contabilizadas.

Los datos difundidos por la OIM también reflejan una transformación de los movimientos migratorios hacia el Mediterráneo. En la ruta occidental, las personas originarias de África Occidental representan ya el 21,9 % de las llegadas, frente al 15,6 % registrado un año antes. Una tendencia similar se observa en el Mediterráneo central, donde su presencia ha pasado del 8,6 % en 2025 al 10,5 % en 2026.

Estas variaciones ponen de manifiesto que las restricciones en determinados puntos fronterizos pueden modificar los itinerarios sin resolver las circunstancias que impulsan a miles de personas a desplazarse.

Amy Pope, directora general de la OIM, ha advertido de que una disminución de las llegadas a un destino concreto no significa que hayan desaparecido las presiones migratorias. Por el contrario, estas pueden trasladarse hacia otros corredores, lo que obliga a analizar los desplazamientos de manera integral, desde los lugares de origen hasta los países de tránsito y destino.

Menos llegadas a Canarias, pero una mortalidad que apenas disminuye

Uno de los datos más preocupantes del análisis de la OIM es la persistencia de las muertes y desapariciones en el Atlántico, incluso cuando disminuye considerablemente el número de personas que consigue alcanzar territorio europeo.

Entre 2024 y 2025, las llegadas a Canarias por esta ruta descendieron un 62 %, después de haber alcanzado un máximo en 2024. Sin embargo, durante ese mismo periodo, las muertes y desapariciones registradas apenas se redujeron un 4 %.

En concreto, 1.172 personas murieron o desaparecieron en 2025, frente a las 1.215 contabilizadas durante 2024. La diferencia evidencia que el descenso de las llegadas no se ha traducido en una mejora equivalente de la seguridad de las travesías.

Desde una perspectiva de derechos humanos, estas cifras plantean la necesidad de evaluar las políticas migratorias no únicamente a partir del número de personas que alcanzan las fronteras europeas, sino también considerando sus consecuencias sobre la vida y la integridad de quienes se desplazan.

La organización internacional señala, además, que los registros de interceptaciones y fallecimientos permiten constatar que los intentos de cruzar el océano continúan, aunque una proporción menor de personas consigue completar el recorrido.

Los controles fronterizos desplazan las salidas hacia rutas de hasta 2.200 kilómetros

El incremento de la vigilancia migratoria en Marruecos, Mauritania y Senegal está modificando los puntos de partida de las embarcaciones. Ante las mayores dificultades para salir desde estos territorios, las rutas se desplazan hacia países situados más al sur, especialmente Gambia, Guinea y Guinea-Bisáu.

Este cambio geográfico tiene consecuencias directas sobre las condiciones de los viajes. Según la OIM, los nuevos itinerarios pueden añadir hasta 750 kilómetros a las travesías, que en algunos casos alcanzan aproximadamente los 2.200 kilómetros.

La mayor distancia implica permanecer más tiempo en alta mar y atravesar áreas costeras remotas, con menor vigilancia y posibilidades más limitadas de recibir asistencia.

En estas circunstancias, aumenta la exposición a naufragios, deshidratación y desapariciones, lo que agrava la vulnerabilidad de las personas que emprenden el viaje.

El desplazamiento de las rutas también evidencia las limitaciones de interpretar los movimientos migratorios exclusivamente a través de las estadísticas de llegada. Las modificaciones en los controles de un país pueden tener repercusiones sobre otros territorios y corredores, trasladando los riesgos a diferentes puntos del recorrido.

Por ello, la OIM insiste en la importancia de comprender las dinámicas migratorias en su conjunto, teniendo en cuenta las conexiones entre los países de origen, tránsito y destino.

Proteger la vida y garantizar vías migratorias seguras

Ante este escenario, la Organización Internacional para las Migraciones reclama una respuesta coordinada entre los Estados implicados que sitúe la protección de las personas en el centro de las políticas migratorias.

Entre sus principales propuestas figura el fortalecimiento de la cooperación internacional y la ampliación de vías de migración seguras, ordenadas y regulares, capaces de ofrecer alternativas a los desplazamientos marítimos de alto riesgo.

La directora general de la organización, Amy Pope, ha subrayado que ningún Estado puede afrontar por separado los desafíos asociados a estos movimientos. En este sentido, ha defendido la necesidad de proteger a las personas migrantes con independencia del lugar donde se encuentren, generar oportunidades reales para la población joven y reforzar el trabajo conjunto entre países.

El análisis de la OIM vuelve a situar una cuestión fundamental en el debate europeo sobre migración y derechos humanos: reducir las llegadas no equivale necesariamente a reducir el sufrimiento humano.

Mientras las rutas continúen desplazándose hacia trayectos más extensos y peligrosos, la protección del derecho a la vida, la cooperación entre Estados y la existencia de alternativas seguras seguirán siendo elementos esenciales para evitar nuevas tragedias en el mar.

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