
Aprender a leer y escribir es mucho más que adquirir una competencia educativa. Supone ampliar las posibilidades de acceder a otros derechos, participar en la vida pública y desarrollar los conocimientos y capacidades necesarios para desenvolverse con autonomía en la sociedad. Esta es una de las ideas que la UNESCO vuelve a situar en el centro del debate con motivo del Día Internacional de la Alfabetización, que se conmemora cada 8 de septiembre desde 1967.
La efeméride alcanza en 2026 su 60º aniversario desde que fuera proclamada por la UNESCO en 1966, durante la 14ª reunión de su Conferencia General. Seis décadas después, la alfabetización continúa siendo una cuestión estrechamente vinculada con la igualdad, la inclusión social y el desarrollo sostenible.
Los datos muestran la magnitud del reto. Según informa la UNESCO, al menos 739 millones de jóvenes y adultos en todo el mundo seguían sin disponer de competencias básicas de alfabetización en 2024. Las dificultades comienzan, además, desde edades tempranas: cuatro de cada diez niños no alcanzan el nivel mínimo de competencia lectora. A ello se suma que 272 millones de niños y adolescentes estaban fuera de la escuela en 2023.
Estas cifras convierten la alfabetización en un desafío que trasciende las políticas estrictamente educativas. Su avance resulta fundamental para la construcción de sociedades capaces de garantizar derechos, reducir desigualdades y favorecer una participación ciudadana plena.
Esta dimensión conecta directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En particular, con el ODS 4, centrado en garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida. Pero sus efectos alcanzan también otros ámbitos de la Agenda 2030, al favorecer mayores oportunidades y contribuir a sociedades más inclusivas y pacíficas.
La UNESCO subraya que la alfabetización constituye la base para adquirir conocimientos, habilidades, valores, actitudes y comportamientos que contribuyan a una cultura de paz asentada sobre la igualdad, la no discriminación, el Estado de derecho, la solidaridad, la justicia, la diversidad y la tolerancia. También permite construir relaciones más armoniosas entre las personas y con el planeta.
Desde esta perspectiva, garantizar la alfabetización requiere políticas públicas capaces de hacer efectivo este derecho para todas las personas. Los datos sobre población adulta sin competencias básicas, menores con dificultades lectoras y millones de niños y adolescentes fuera de las aulas evidencian la necesidad de mantener la alfabetización entre las prioridades de los Estados.
El lema elegido para 2026, “Alfabetización para las personas, el planeta y la prosperidad”, busca precisamente ampliar esta mirada. El aniversario se presenta como una oportunidad para evaluar los progresos alcanzados durante las últimas seis décadas, pero también para identificar obstáculos persistentes y nuevos desafíos en un contexto mundial en rápida transformación.
La celebración internacional organizada por la UNESCO tendrá lugar los días 8 y 9 de septiembre en México, en colaboración con el Gobierno mexicano. El encuentro incluirá la ceremonia de entrega de los Premios Internacionales de Alfabetización de la UNESCO, destinados a reconocer programas destacados desarrollados en diferentes partes del mundo. El evento podrá seguirse también en línea en español, inglés y francés.
A lo largo de estas seis décadas, países y organizaciones han trabajado para consolidar la alfabetización como un derecho humano fundamental y como un instrumento para impulsar la paz y el desarrollo sostenible. La edición de 2026 pondrá especial atención en los progresos registrados desde 2015 y servirá para compartir políticas, iniciativas y alianzas que hayan demostrado su capacidad para extender la alfabetización.
En su 60º aniversario, el Día Internacional de la Alfabetización recuerda así que saber leer y escribir continúa siendo una condición básica para ejercer derechos y participar plenamente en la sociedad. Alcanzar una alfabetización universal sigue dependiendo, en buena medida, de la capacidad de los Estados y del conjunto de la comunidad internacional para traducir los compromisos educativos y de desarrollo sostenible en políticas públicas que lleguen a todas las personas.