
La crisis climática, los movimientos migratorios y la salud forman parte de una misma realidad y requieren respuestas coordinadas. Con este enfoque, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha presentado una agenda regional de investigación destinada a mejorar la atención de las personas migrantes y desplazadas en el Pacífico Occidental.
El documento, que orientará el trabajo de los próximos cinco años, busca aportar evidencias que permitan construir sistemas sanitarios más inclusivos, resistentes ante las crisis y preparados para responder a las consecuencias del calentamiento global.
La región alberga una población migrante numerosa y en crecimiento. Las personas que se desplazan dentro o fuera de sus países pueden encontrar mayores dificultades para acceder a la atención sanitaria y verse expuestas a condiciones laborales, económicas, ambientales o habitacionales que afectan directamente a su salud. El cambio climático profundiza muchos de estos riesgos al provocar fenómenos extremos, deteriorar los medios de vida y aumentar los desplazamientos.
“Migración, desplazamiento y cambio climático están influyendo cada vez más en los resultados de salud en la región del Pacífico Occidental. Sin embargo, importantes vacíos de evidencia siguen limitando nuestra capacidad para diseñar respuestas eficaces y equitativas”, advirtió Santino Severoni, responsable de Salud y Migración de la OMS.
La elaboración de la propuesta incluyó un proceso de consulta en varias etapas en el que participaron 108 representantes de las subregiones de Asia y el Pacífico. La OMS reunió a especialistas de distintas disciplinas, organismos de Naciones Unidas, universidades, organizaciones de la sociedad civil y redes de jóvenes migrantes.
A partir de este trabajo se definieron varias áreas prioritarias. Entre ellas se encuentran la incorporación efectiva de las personas migrantes y desplazadas a la cobertura sanitaria universal y la atención primaria; su inclusión en los planes de preparación y respuesta ante emergencias de salud; y el estudio conjunto de los factores sociales, económicos, ambientales y estructurales que condicionan su bienestar.
La agenda también propone investigar de manera específica la relación entre salud, movilidad humana y cambio climático. Para ello, reclama prestar atención a poblaciones sobre las que todavía existe poca información y promover alianzas de investigación más equitativas, capaces de convertir el conocimiento generado en políticas públicas concretas.
Este planteamiento supone reconocer que los problemas sanitarios no dependen únicamente de la disponibilidad de hospitales o profesionales. La situación administrativa, las condiciones laborales, el acceso a una vivienda adecuada, la discriminación o la protección legal también determinan las posibilidades de recibir atención y llevar una vida saludable.
Durante la presentación de la agenda, las personas participantes coincidieron en que ya no es suficiente con documentar los problemas. La prioridad debe ser identificar medidas eficaces, comprobar sus resultados y ampliar aquellas que puedan proteger a un mayor número de personas.
Para conseguirlo, la OMS considera necesario reforzar la gobernanza, garantizar una financiación sostenible y flexible y mejorar los sistemas de información para que los datos sanitarios incorporen las diferentes realidades migratorias. También plantea estrechar la colaboración entre responsables públicos, equipos de investigación y comunidades afectadas.
La participación de las personas migrantes y desplazadas ocupa un lugar central en esta propuesta. El organismo defiende que estos colectivos, junto con la juventud, deben intervenir como socios en la definición de las preguntas de investigación y en el diseño de las respuestas, en lugar de quedar reducidos únicamente a objetos de estudio.
El documento incorpora hojas de ruta diferenciadas para Asia y el Pacífico, con el propósito de que cada país pueda adaptar las prioridades a su contexto. Entre las acciones previstas se encuentran fortalecer el liderazgo y la coordinación de la investigación, mejorar el intercambio de conocimiento, facilitar el traslado de los resultados a las políticas públicas y ampliar las capacidades de los equipos locales.
La agenda también reconoce la necesidad de integrar los conocimientos indígenas y tradicionales. Esta incorporación resulta especialmente relevante en territorios donde las comunidades mantienen una relación estrecha con los ecosistemas y poseen experiencias propias para afrontar riesgos ambientales, sanitarios y climáticos.
“El cambio climático, la migración, el desplazamiento y la salud ya no pueden considerarse cuestiones separadas. Sus efectos son cada vez más visibles en las comunidades y los sistemas sanitarios del Pacífico Occidental”, afirmó Sandro Demaio, director del Centro de la OMS para Asia y el Pacífico sobre Medioambiente y Salud.
La nueva hoja de ruta pretende que la producción científica se traduzca en decisiones capaces de reducir desigualdades. Su objetivo final es avanzar hacia sistemas sanitarios que garanticen la cobertura universal y respondan a la emergencia climática sin dejar atrás a las personas migrantes y desplazadas.