
La combinación de guerras, pobreza, desplazamientos y desastres relacionados con el clima está erosionando el derecho a la educación de millones de menores en todo el mundo. Así lo advierte un nuevo informe de Education Cannot Wait, iniciativa impulsada por Naciones Unidas para garantizar la educación en contextos de emergencia, que alerta de una crisis global con profundas consecuencias sociales y de derechos humanos.
Según el estudio, alrededor de 258 millones de niños, niñas y adolescentes en edad escolar viven en situaciones donde las crisis interrumpen o dificultan gravemente su educación. De ellos, 93 millones se encuentran completamente fuera del sistema educativo, mientras que millones más asisten a la escuela en condiciones que limitan seriamente su aprendizaje y aumentan el riesgo de abandono escolar.
El informe subraya que acceder a un aula ya no es suficiente para garantizar una educación efectiva. En numerosos contextos afectados por conflictos o emergencias prolongadas, los estudiantes acumulan retrasos desde las primeras etapas educativas y encuentran enormes dificultades para alcanzar competencias básicas de lectura y aprendizaje.
La investigación revela que la mayor parte de esta emergencia educativa se concentra en un reducido grupo de países especialmente afectados por conflictos y crisis humanitarias.
De los 182 millones de menores que viven en los 20 contextos considerados más graves del mundo, 74 millones están fuera de la escuela. Esta cifra representa cerca del 80% de todos los niños y niñas afectados por crisis que han quedado excluidos del sistema educativo.
Según el informe, la falta de escolarización es solo una parte del problema. Muchos menores que continúan matriculados no logran adquirir conocimientos básicos, lo que termina generando brechas de aprendizaje cada vez más profundas y dificulta su permanencia en la escuela a medida que avanzan los cursos.
En algunos de los entornos analizados, menos de uno de cada diez estudiantes alcanza competencias básicas de lectura durante los primeros años de educación, una situación que limita sus oportunidades futuras y perpetúa los ciclos de pobreza y exclusión.
El estudio destaca que los menores desplazados por conflictos o crisis humanitarias soportan una carga especialmente elevada. Los análisis realizados en países como Burkina Faso, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Malí y Somalia muestran que los niños desplazados presentan peores tasas de promoción escolar, progresan más lentamente en sus estudios y tienen una mayor probabilidad de cursar niveles educativos por debajo de la edad que les corresponde.
Además, las desigualdades se profundizan cuando se cruzan factores como el género, la discapacidad o la condición de refugiado. Las niñas, los menores con discapacidad y las personas refugiadas encuentran obstáculos mucho mayores para continuar su formación.
El informe pone como ejemplo el caso de una adolescente con discapacidad en el sur de Asia, cuya probabilidad de no asistir a la escuela es un 40% superior a la de un niño que enfrenta circunstancias similares.
Las diferencias también se reflejan en los resultados de aprendizaje. Mientras que en países afectados principalmente por desastres naturales el 63% del alumnado alcanza niveles adecuados de comprensión lectora en sexto curso, la cifra desciende al 30% en contextos marcados por conflictos armados.
Pese a la magnitud de los desafíos, el informe destaca la determinación de muchas familias para mantener a sus hijos e hijas en el sistema educativo.
Los datos muestran que casi el 80% de los casos de abandono escolar están relacionados con barreras económicas o con el cierre de centros educativos debido a conflictos. Esto indica que, en la mayoría de los casos, las familias no dejan de valorar la educación, sino que se ven obligadas a tomar decisiones condicionadas por circunstancias extremas.
Desde una perspectiva de derechos humanos, la organización insiste en que garantizar el acceso a la educación durante las crisis no solo protege el presente de la infancia, sino también sus oportunidades futuras y la capacidad de las sociedades para reconstruirse.
"El apoyo a la educación en situaciones de crisis es una inversión esencial para proteger las oportunidades de aprendizaje y desarrollo económico a largo plazo", señala la directora ejecutiva de Education Cannot Wait, Maysa Jalbout, según recoge el informe.
La organización advierte de que, sin una mayor financiación y compromiso internacional, millones de niños y niñas podrían quedar atrapados en una generación marcada por la exclusión educativa, la pobreza y la vulneración de derechos fundamentales.