
La ganadería extensiva se consolida como una herramienta esencial para la conservación de la biodiversidad en Europa. Según un reciente informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, aproximadamente un tercio de los hábitats protegidos por la normativa comunitaria dependen directamente del pastoreo de baja intensidad para mantenerse en buen estado.
El documento, titulado Extensive livestock systems and nature in Europe, pone cifras a esta realidad: al menos 35 millones de hectáreas —alrededor del 22% de la superficie agraria de la Unión Europea— se beneficiarían de prácticas como el pastoreo o la siega tradicional.
Además, el análisis indica que no sería necesario movilizar todo el ganado europeo. Bastaría con entre un 10% y un 15% de los rumiantes (vacas, ovejas y cabras), lo que equivale a unos 7,8 millones de animales, siempre que su distribución territorial sea la adecuada para cubrir las zonas que dependen de esta actividad.
Pese a su relevancia ecológica, la ganadería extensiva está en claro declive. Según datos de la Comisión Europea, el número de explotaciones extensivas o mixtas se ha reducido en más de un 70% entre 2010 y 2020.
Este descenso está estrechamente ligado a cambios económicos y tecnológicos que han impulsado modelos intensivos, en los que el ganado permanece estabulado durante gran parte del año. Como consecuencia, muchas zonas rurales menos productivas —donde tradicionalmente se desarrollaba la ganadería extensiva— están siendo abandonadas.
Este desajuste geográfico entre la localización del ganado y la de los hábitats que necesitan pastoreo aumenta el riesgo de degradación o desaparición de ecosistemas clave.
El pastoreo desempeña un papel fundamental en la configuración de los paisajes europeos. Históricamente, los animales domésticos han sustituido la función ecológica de grandes herbívoros salvajes como bisontes o caballos silvestres, contribuyendo a mantener la diversidad de hábitats.
Su acción favorece la heterogeneidad del territorio: crean mosaicos de vegetación, combinando zonas abiertas y áreas más densas, y facilitan la aparición de pastizales ricos en flores silvestres. Además, procesos como el pisoteo o el estiércol generan microhábitats esenciales para insectos y aves.
Los datos son contundentes: el 92% de las especies de mariposas protegidas por la legislación europea dependen de pastizales gestionados de forma extensiva. Asimismo, muchas aves ligadas a praderas permanentes forman parte de las especies protegidas. Estos ecosistemas albergan también una parte significativa de la flora endémica europea, con un 18,1% de plantas vasculares presentes en pastizales y un 15,5% en matorrales y brezales.
El informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente llega en un momento en el que la Comisión Europea trabaja en una nueva estrategia ganadera para reforzar la sostenibilidad, resiliencia y competitividad del sector.
En este contexto, el organismo subraya que una planificación adecuada del pastoreo no solo beneficiaría al sector agroalimentario, sino que también contribuiría de forma decisiva a cumplir objetivos clave como la Estrategia de Biodiversidad de la UE para 2030 y la futura normativa de restauración de la naturaleza.
La conclusión es clara: lejos de ser un modelo del pasado, la ganadería extensiva se perfila como una pieza fundamental para el futuro de los ecosistemas europeos.