
La transición hacia un entorno libre de tóxicos es uno de los grandes objetivos del Pacto Verde Europeo, pero la realidad muestra que millones de personas siguen expuestas a sustancias químicas en su vida cotidiana. Esta exposición no es neutral: afecta de manera particular a las mujeres debido a factores sociales, económicos y biológicos.
En productos tan habituales como cosméticos, artículos de higiene personal o alimentos tratados con pesticidas, persisten compuestos que pueden tener efectos en la salud a largo plazo. Aunque la normativa europea ha avanzado en la regulación de sustancias peligrosas, distintos análisis señalan que aún existen lagunas, especialmente en lo que respecta a la exposición combinada a múltiples químicos y sus efectos acumulativos.
Las mujeres están más expuestas a sustancias químicas por diversos motivos. Por un lado, el uso más frecuente de cosméticos y productos de cuidado personal incrementa el contacto con ingredientes potencialmente problemáticos, como disruptores endocrinos, sustancias que pueden alterar el sistema hormonal.
A esto se suman factores estructurales: muchas mujeres trabajan en sectores como la agricultura, la limpieza o la estética, donde la exposición a pesticidas o productos químicos es más elevada. Además, las responsabilidades de cuidado —como la compra de alimentos o la limpieza del hogar— también aumentan su contacto con estas sustancias.
En el caso de los pesticidas, su presencia en alimentos y en el entorno afecta a toda la población, pero diversos estudios advierten de riesgos específicos durante etapas como el embarazo, donde la exposición puede tener consecuencias para el desarrollo fetal.
El marco regulatorio europeo ha avanzado en la restricción de sustancias peligrosas, pero todavía no aborda de forma suficiente la realidad de la exposición diaria. Entre los principales desafíos se encuentran:
En este contexto, organizaciones sociales y expertas en salud ambiental reclaman políticas más ambiciosas que prioricen la prevención y el principio de precaución.
Aunque el cambio estructural depende de decisiones políticas y empresariales, existen algunas prácticas cotidianas que pueden ayudar a reducir la exposición a sustancias químicas:
La aspiración de un entorno libre de tóxicos, impulsada por el Pacto Verde Europeo, no puede desligarse de la justicia social y de género. Incorporar estas perspectivas en las políticas públicas es clave para garantizar que la transición ecológica no deje a nadie atrás.
Abordar la exposición química desde un enfoque integral implica no solo regular mejor, sino también reconocer que los impactos no se distribuyen de manera uniforme. En ese camino, la información, la prevención y la acción colectiva son herramientas fundamentales para avanzar hacia una sociedad más saludable y sostenible.