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La Agencia Internacional de la Energía alerta de que la falta de acceso a cocina limpia provoca 2,5 millones de muertes prematuras al año, afecta especialmente a mujeres y niños y acelera la deforestación, con África como la región más golpeada.
Más de 2.000 millones de personas aún cocinan con combustibles tóxicos

Garantizar el acceso universal a energía no significa solo tener electricidad. También implica algo tan básico como poder cocinar sin poner en riesgo la salud ni el entorno. Sin embargo, según un análisis de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), más de 2.000 millones de personas en el mundo siguen sin acceso a soluciones de cocina limpia.

¿Qué se entiende por “cocina limpia”?

La cocina limpia hace referencia al uso de tecnologías y combustibles que permiten preparar alimentos sin generar altos niveles de contaminación en el interior de los hogares. Frente a la leña, el carbón vegetal u otros combustibles sólidos —que producen humo tóxico—, las soluciones limpias reducen de forma significativa la exposición a partículas contaminantes.

Cuando las familias cocinan con madera o carbón en espacios cerrados y mal ventilados, el humo acumulado incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otros problemas de salud. La IEA advierte de que esta situación está vinculada a 2,5 millones de muertes prematuras cada año.

El impacto no es neutro: afecta sobre todo a mujeres y niños, que suelen pasar más tiempo en el entorno doméstico y, por tanto, están más expuestos a la contaminación del aire en interiores.

África, donde la brecha es más profunda

El problema alcanza su máxima expresión en África. Según los datos de la Agencia Internacional de la Energía, cuatro de cada cinco hogares del continente todavía no cuentan con acceso a cocina limpia. Esta carencia perpetúa desigualdades estructurales y refuerza la pobreza energética.

Además de los efectos en la salud, la falta de alternativas obliga a muchas familias a invertir casi cuatro horas diarias en recolectar combustible y preparar las comidas. Ese tiempo, que podría destinarse a educación, empleo o participación comunitaria, se convierte en una carga adicional que limita oportunidades, especialmente para mujeres y niñas.

La dependencia masiva de leña y carbón no solo impacta en las personas. También es un factor relevante de deforestación en diversas regiones vulnerables. La presión sobre los recursos forestales contribuye a la degradación de los ecosistemas y a la pérdida de biodiversidad. En plena transición ecológica, el acceso a cocina limpia emerge así como una pieza estratégica que conecta salud pública, igualdad de género y acción climática. Tal y como subraya la IEA, avanzar en este ámbito no es únicamente una cuestión tecnológica: es una condición imprescindible para un desarrollo sostenible e inclusivo.

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