
Ayer, lunes 19 de diciembre se conmemoró el Día Internacional del Migrante, una jornada para destacar la necesidad de una gobernanza migratoria segura, basada en la solidaridad, la colaboración y el respeto de los derechos humanos. Desde Naciones Unidas explican que las personas en movimiento (trabajadores, estudiantes, emprendedores, miembros de familias, artistas y muchas más) son agentes impulsores muy poderosos para el desarrollo tanto en los países de origen como de destino. Las personas migrantes a menudo mantienen lazos muy estrechos con sus países de origen mientras abrazan a sus nuevas comunidades a las que aportan una amplia riqueza de conocimiento, experiencia y capacidades.
Es por ello, que, gestionada adecuadamente, la movilidad puede ser una piedra angular para el desarrollo sostenible, la prosperidad y el progreso. Liberar el potencial de la migración es clave en el impulso a los esfuerzos para la consecución de la Agenda 2030. Los Derechos Humanos constituyen un pilar fundamental que debe ser prioritario en la formulación y ejecución de políticas migratorias a nivel global. En la era contemporánea, donde la movilidad humana se ha intensificado y las fronteras son cada vez más permeables, es imperativo garantizar que las acciones de los Estados respeten y promuevan los principios fundamentales de dignidad, igualdad y justicia para todas las personas, independientemente de su origen o estatus migratorio.
El respeto a los Derechos Humanos en el ámbito migratorio implica reconocer la intrínseca dignidad de cada individuo y su derecho inherente a ser tratado con respeto y equidad. Los Estados tienen la responsabilidad de adoptar medidas que protejan la integridad física y psicológica de los migrantes, asegurando condiciones de vida dignas y acceso a servicios básicos como salud y educación.
La detención arbitraria y la separación de familias migrantes, prácticas que lamentablemente han sido observadas en diversas regiones, deben ser abordadas con urgencia. Estas acciones no solo violan los Derechos Humanos fundamentales, sino que también generan un impacto negativo a largo plazo en la salud mental y el bienestar de las personas afectadas. Asimismo, es crucial reconocer el derecho de toda persona a solicitar asilo y protección internacional cuando enfrenta persecución o violencia en su país de origen. Los Estados tienen la responsabilidad de facilitar procedimientos de asilo justos y eficientes, garantizando que aquellos que buscan refugio encuentren un lugar seguro y acogedor.
La igualdad ante la ley es otro principio esencial que debe regir las políticas migratorias. La discriminación basada en la nacionalidad, etnia o cualquier otra característica personal debe ser erradicada, y los Estados deben trabajar hacia la construcción de sociedades inclusivas que valoren la diversidad y fomenten la integración de los migrantes. La colaboración internacional también desempeña un papel fundamental en la protección de los Derechos Humanos en el contexto migratorio. Los Estados deben trabajar de manera conjunta para abordar las causas subyacentes de la migración forzada, promover el desarrollo sostenible en los países de origen y mejorar las condiciones de acogida en los países de destino.
Según datos del Banco Mundial, el cambio climático podría obligar a 216 millones de personas de seis regiones del mundo a desplazarse dentro de sus países de aquí a 2050. Por ello, el Comité de la ONU sobre los Trabajadores Migrantes instó a los Estados a tomar medidas para mitigar el fenómeno y para asegurarse de que no menoscabe los derechos humanos de los migrantes y sus familias. “El cambio climático agrava la vulnerabilidad de los migrantes, ya que tienen pocas opciones y a menudo se ven obligados a migrar en condiciones que violan su dignidad humana y su integridad”, señaló el Comité. Además, los integrantes de ese grupo especializado instaron a debatir sobre “cómo el racismo sistémico e histórico y otros sistemas de discriminación crearon esas vulnerabilidades” en primera instancia.
Finalmente, el Secretario General declaró: “La migración es una realidad y una fuerza positiva. Fomenta el intercambio de conocimientos e ideas y contribuye al crecimiento económico. Permite a millones de personas buscar oportunidades y mejorar su vida”. Sin embargo, sin los marcos adecuados expone a los migrantes a los traficantes, la explotación los abusos, e incluso, la muerte, añadió António Guterres.