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Mamíferos marinos y aves son las más afectadas por los 14 millones de toneladas de plásticos que cada año acaban en el mar, se degradan y son un elemento más de la cadena trófica. Un equipo científico ha puesto nombre a la enfermedad generada por la ingesta de plásticos que provoca la muerte de millones de animales cada año generando inflamación crónica del aparato digestivo.
“Plasticosis”, la enfermedad del plástico

La contaminación generada por el desecho de plásticos en los entornos naturales está teniendo consecuencias ya irreversibles. El plástico es un material ampliamente utilizado en la sociedad moderna, pero su acumulación en el medio ambiente, en particular en los océanos y en la cadena alimentaria, ha generado preocupación debido a los posibles efectos negativos en la salud humana y en los ecosistemas. La exposición a ciertos productos químicos presentes en los plásticos, como los ftalatos y los bisfenoles, ha sido objeto de estudio en relación con posibles efectos sobre la salud.

Un artículo recientemente publicado por el área de sostenibilidad de BBVA explica que un equipo de científicos australianos y británicos ha dado un paso más para entender de qué manera afecta la ingesta de plásticos a las aves marinas. Y ha definido, por primera vez, una nueva enfermedad: la plasticosis. A grandes rasgos, la plasticosis es una enfermedad que se produce cuando el plástico provoca inflamación crónica y lesiones continuas en el aparato digestivo de las aves. Cuando estas cicatrizan, lo hacen de forma patológica, generando a la larga una fibrosis que reduce la capacidad del estómago para expandirse y limita en gran medida sus funciones.

Se estima que, a través de una gran variedad de utensilios y aplicaciones, producimos más de 300 millones de toneladas de plástico cada año. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) calcula que unos 14 millones de toneladas terminan en el mar cada año. Una buena parte acaba de vuelta en las costas, pero otra pasa a formar parte de las corrientes marinas, degradándose en piezas cada vez más pequeñas, flotando o hundiéndose en función de su densidad. Es decir, pasa a ser un elemento más de los ecosistemas marinos y, desde allí, entra en la cadena trófica.

El artículo explica que las aves marinas, especies que suelen vivir entre la tierra y el mar y pescar en las aguas superficiales, son uno de los grupos de animales más afectados por la contaminación plástica. Por eso, el estudio liderado desde el Institute for Marine and Antarctic Studies de Australia y el Museo de Historia Natural de Reino Unido se centró en una de estas especies para analizar los efectos del plástico en el organismo. La elegida fue la pardela paticlara, un ave de amplia distribución que cría habitualmente en las costas de Australia y Nueva Zelanda.

Tras analizar el cuerpo de 30 polluelos de pardela en busca de evidencias de fibrosis inducida por plástico, los investigadores concluyeron que la ingesta de este contaminante se puede asociar con la formación generalizada de tejido cicatricial y otros cambios en los tejidos internos. Por comparar la plasticosis con enfermedades humanas, también son fibrosis la silicosis (provocada por la inhalación continua de polvo de sílice, un trastorno habitual entre los mineros) o la asbestosis (provocada por inhalar fibras de asbesto o amianto).

La publicación concluye que hace ya más de una década que el impacto del plástico en las aves marinas de Australia llamó la atención de los científicos. Desde entonces, se han llevado a cabo varios estudios, casi todos en laboratorio, y se ha concluido, entre otras cosas, que la gran mayoría (alrededor del 90 %) de los polluelos encontrados muertos habían ingerido plásticos, por lo que de alguna manera este contaminante debía estar afectando negativamente a su crecimiento y a sus opciones de sobrevivir. Ahora, este nuevo estudio ha sido el primero en analizar los daños internos provocados por los contaminantes plásticos en una especie en su estado salvaje. Y, también, ha sido el primero en bautizar la plasticosis, una enfermedad de la que, probablemente, escucharemos hablar cada vez más en el futuro.

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