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El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha hecho un llamamiento a todos y todas para que colaboren en la construcción de un mundo más respetuoso y civilizado, y para que se tomen medidas efectivas para acabar con el discurso de odio.
El discurso de odio ya no debería tener cabida en nuestro mundo

El discurso de odio se refiere a expresiones verbales o escritas que promueven, incitan o justifican la violencia, la discriminación, la hostilidad o el prejuicio hacia individuos o grupos basados en características como la raza, la religión, el género, la orientación sexual, la nacionalidad u otras características protegidas. Estos discursos pueden ser altamente perjudiciales, ya que contribuyen a la creación de un entorno de odio, intolerancia y exclusión, y pueden tener consecuencias graves en la sociedad. Algunas características de los discursos de odio incluyen:

  1. Hostilidad y agresión: Los discursos de odio tienden a ser hostiles y agresivos hacia ciertos grupos o individuos. Pueden contener lenguaje ofensivo, insultos, amenazas y provocaciones.
  2. Estereotipos y prejuicios: Estos discursos a menudo se basan en estereotipos negativos y prejuicios infundados hacia grupos específicos. Pueden perpetuar ideas falsas y perjudiciales sobre estas comunidades.
  3. Promoción de la violencia: Los discursos de odio a menudo incitan o glorifican la violencia hacia ciertos grupos. Pueden alentar a actos de discriminación, acoso, agresión física o incluso terrorismo.
  4. Exclusión y marginación: Estos discursos contribuyen a la exclusión y marginación de grupos minoritarios, creando un ambiente en el cual esas personas se sienten menospreciadas y temen por su seguridad.
  5. Desinformación: Los discursos de odio pueden propagar desinformación y falsedades sobre ciertos grupos, lo que puede tener efectos negativos en la percepción pública y en la toma de decisiones informadas.
  6. Impacto social: Los discursos de odio pueden tener un impacto real en la vida de las personas, aumentando la discriminación, dificultando la participación en la sociedad y amenazando la seguridad física y emocional de los individuos afectados.

La propagación de leyes relacionadas con la incitación al odio en todo el mundo que se utilizan abusivamente contra periodistas y defensores y defensoras de los derechos humanos es casi tan viral como la propagación del discurso de odio en sí misma, explicó el Jefe de Derechos Humanos. Las leyes genéricas —que permiten a los Estados censurar discursos que consideran incómodos y amenazar o detener a quienes cuestionan la política del gobierno o critican a las autoridades— violan los derechos y ponen en peligro el debate público esencial.

"En vez de penalizar el discurso que debería estar protegido, necesitamos que los Estados y las empresas tomen medidas urgentes para abordar la incitación al odio y la violencia", señaló Türk. En este sentido, el Alto Comisionado pidió iniciativas de diversa índole y dotadas de recursos, tales como:

  • Aumentar la inversión en la lucha contra el discurso de odio en otros idiomas que no sean en inglés, y detectar y dirigir una mayor atención e inversión a los contextos frágiles o en los que se den señales de alerta temprana;
  • Escuchar a los ciudadanos y ciudadanas más afectados por el discurso de odio, y proporcionarles mejores canales para plantear sus preocupaciones y lograr una actuación rápida;
  • Responsabilizar a las empresas de lo que hacen —y dejan de hacer— por respetar los derechos humanos, lo cual incluye exigir la diligencia debida en materia de derechos humanos en lo que respecta a sus operaciones y aumentar la transparencia en torno a las políticas y prácticas de incitación al odio;
  • Potenciar la ampliación de la investigación sobre cómo combatir con eficacia el discurso de odio mediante una mayor transparencia, como el acceso abierto o asequible a las API;
  • Prestar apoyo a las personas cuya salud mental y física se vea gravemente afectada por la incitación al odio y la violencia, en particular los daños suficientemente documentados causados a las mujeres y niñas por el odio basado en el género;
  • Invertir en programas de alfabetización digital y educación mediática, formación en derechos humanos y apoyo a mecanismos de verificación independiente de los hechos con la participación de periodistas y la sociedad civil.
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