Sanda Ojiambo, CEO a nivel internacional del Pacto Mundial de las Naciones Unidas expresó que nos enfrentamos a una enorme crisis que denominó las 3 C’s: cambio climático, conflictos y COVID-19. Pocas semanas después, Naciones Unidas ratificó estas palabras en la publicación del informe sobre el estado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En esta última edición, el documento hace hincapié en los estragos causados por la pandemia de coronavirus en el mundo entero sobre la Agenda 2030, asegurando que sus efectos todavía se notarán durante más tiempo del previsto.
La triple crisis planetaria pone en jaque al desarrollo sostenible

El mundo entero atraviesa hoy un período complejo. La crisis climática, los efectos de la pandemia de COVID-19, el aumento de la inflación, las grandes interrupciones de la cadena de suministro, los conflictos bélicos, las crecientes presiones del mercado laboral y la deuda insostenible en los países en desarrollo son sólo algunos de los problemas más acuciantes de nuestro tiempo. A medida que el mundo se enfrenta a crisis y conflictos globales interconectados, las aspiraciones establecidas en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible están cada vez más en peligro. Con la pandemia de COVID-19 en su tercer año, la guerra en Ucrania exacerbando las crisis alimentaria, energética, humanitaria y de refugiados, el panorama es poco alentador.

El último Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2022 demuestra el impacto destructivo de estas crisis en la consecución de las metas propuestas hacia 2030. En concreto, este informe de periodicidad anual proporciona un panorama general de los esfuerzos realizados hasta la fecha para la aplicación de los ODS en todo el mundo, subrayando las áreas de progreso y también aquellas en las que se deben tomar más medidas para garantizar que nadie se quede atrás.

Este año, el documento hace hincapié en los estragos causados por la pandemia sobre la Agenda 2030, asegurando que sus efectos todavía se notarán durante más tiempo del previsto. Esta crisis sanitaria y económica, unida a la crisis climática y la creciente inflación y crisis de recursos provocada por los conflictos armados suponen, según el secretario general de Naciones Unidas, un “impacto destructivo” que afecta a la alimentación y la nutrición, la salud, la educación, el medioambiente y la paz y la seguridad y dificulta la carrera hacia el logro de los ODS.

C: Crisis climática

La gravedad de la crisis climática a la que nos enfrentamos es uno de los aspectos más salientes del informe. El aumento de las olas de calor, las sequías y los apocalípticos incendios forestales e inundaciones ya están afectan a miles de millones de personas en todo el mundo y causan daños potencialmente irreversibles a los ecosistemas de la Tierra. Para evitar los peores impactos, afirman los expertos, las emisiones de gases de efecto invernadero tendrán que alcanzar su punto máximo antes de 2025 -sólo faltan tres años- y luego reducirse en un 43% para 2030, hasta llegar a cero en 2050. Pero los actuales compromisos nacionales no cumplen este requisito y apuntan a un aumento de casi el 14% de aquí a 2030, en lugar del fuerte descenso necesario para limitar el calentamiento y cumplir el objetivo de 1,5 °C.

Si hace un año hablábamos del respiro que supuso para el planeta la paralización de la economía en cuestión de generación de emisiones de CO2, este año podemos asegurar que, aun así, en 2020 las concentraciones de gases de efecto invernadero alcanzaron nuevos máximos y los datos en tiempo real apuntan a un aumento continuo. Lo más alarmante es que, a medida que estas concentraciones aumentan, también lo hace la temperatura de la Tierra. En consecuencia, la acidificación y la temperatura del océano siguen en constante aumento, amenazando a las especies marinas y afectando negativamente a los servicios de los ecosistemas marinos. De acuerdo con el análisis realizado sobre el ODS 14, entre 2009 y 2018 el mundo perdió cerca del 14% de los arrecifes de coral.

Por otro lado, el informe explica que los ecosistemas terrestres (ODS 15) también se han alterado profundamente: aproximadamente 40.000 especies están en riesgo de extinción, cada año se destruyen 10 millones de hectáreas de bosque (una superficie del tamaño de Islandia) y más de la mitad de las zonas clave para la biodiversidad permanecen desprotegidas. Además, la crisis climática también está derivando en una crisis de recursos, impulsada a su vez por el rápido crecimiento de la población y la creciente presión de las industrias sobre el planeta. De este modo, recursos esenciales para la vida como el agua (ODS 6) se sitúan en un punto crítico en algunas partes del mundo. De hecho, más de 733 millones de personas -el 10% de la población mundial- viven en países con niveles altos y críticos de estrés hídrico (por encima del 75%).

C: Conflictos

Otra de las principales conclusiones que se desprende del informe es que los ODS que más han sufrido en este contexto crítico han sido los de carácter más social. Como suele pasar, los más vulnerables son los que sufren las consecuencias más duras durante las crisis. En este aspecto, la pandemia ha hecho retroceder los avances en la reducción de la pobreza (ODS 1) de los últimos 25 años, y el número de personas en situación de extrema pobreza ha aumentado por primera vez en una generación. Ahora, el aumento de la inflación y los impactos de la guerra en Ucrania pueden hacer descarrilar aún más el progreso. Las crisis combinadas podrían llevar a que entre 75 y 95 millones de personas más vivan en la pobreza extrema en 2022, en comparación con las proyecciones anteriores a la pandemia.

Desglosando las metas en las cuales se observan mayores retrocesos, el documento advierte que en el ODS 2 se alerta de que el mundo está al borde de una crisis alimentaria global, con un número creciente de personas que padecen hambre e inseguridad alimentaria incluso antes de la COVID-19 pandemia. Se estima que hasta 828 millones de personas pueden haber pasado hambre en 2021. Además, en el ODS 3, la cobertura de inmunización se redujo por primera vez en 10 años.

En el ODS 4, se estima que esta generación de niños podría perder un total combinado de 17 billones de dólares en ingresos de por vida (en valor actual). Por su parte, en el ODS 5, los avances en muchas áreas, como el tiempo dedicado a los cuidados no remunerados y al trabajo doméstico, la toma de decisiones en materia de salud sexual y reproductiva y los presupuestos con perspectiva de género, se están quedando atrás. Finalmente, en el ODS 16, destaca una cifra récord de 100 millones de personas que han sido desplazadas en todo el mundo y que se prevé que siga aumentando debido a la guerra en Ucrania. De cara a la recuperación económica que enfrentan la mayoría de las administraciones, los expertos sugieren poner el foco en los aspectos sociales para garantizar una reconstrucción justa e inclusiva. 

C: Coronavirus

Finalmente, el estudio concluye que la pandemia de coronavirus y el parón que esta supuso en la economía aún continúa teniendo efectos graves. Según los datos sobre el ODS 8 del informe, la economía mundial mejora lentamente, aunque la recuperación sigue siendo frágil y desigual. A nivel mundial, el producto interior bruto (PIB) real per cápita aumentó un 1,4% en 2019, para luego caer bruscamente en 2020, en un 4,4%, repuntando en 2021 con una tasa de crecimiento estimada también en un 4,4%.

En base a esta tendencia positiva, antes de la crisis de Ucrania se preveía que el PIB real per cápita mundial aumentase un 3,0% en 2022 y un 2,5% en 2023. Ahora es probable que como consecuencia al conflicto se reduzca el crecimiento al 2,1% en 2022. Una situación que ya está impactando en otros Objetivos. De hecho, el análisis extraído del ODS 17 señala que, entre otros retos derivados de la crisis económica, los países en desarrollo se enfrentan a una inflación récord, a la subida de los tipos de interés y a la inminente carga de la deuda. Con todo, el documento expone que la desigualdad entre países (ODS 10) aumentó un 1,2% entre 2017 y 2021, el primer aumento en una generación. Esto da la vuelta a las estimaciones previas a la pandemia, que preveían que la desigualdad se redujera en un 2,6% durante el mismo periodo.

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