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La taxonomía social, un cambio de rumbo para las finanzas sostenibles

La sostenibilidad ocupa un lugar cada vez más importante en el mundo financiero.  En los últimos años ha habido grandes e importantes transformaciones. En este nuevo escenario, mucho se habla de taxonomía verde, pero, ¿Qué es la taxonomía social? Se trata de la clasificación de actividades económicas que contribuyen significativamente a objetivos sociales en la UE y supone un código común para inversores, empresas y reguladores sobre lo que es sostenible desde el punto de vista social y lo que no.

Estamos frente a un punto de inflexión clave, que traerá consigo un cambio trascendental para las finanzas sostenibles. La publicación del informe final del Grupo Técnico de Expertos en Finanzas Sostenibles de la Comisión Europea que incluirá la clasificación de actividades que favorecería el cumplimiento de los objetivos sociales de la Unión Europea contribuirá al desarrollo de una sociedad más verde e inclusiva. Esta clasificación, según la propuesta de la UE, tiene una estructura similar a la de la taxonomía medioambiental, pero se centra en establecer criterios dirigidos, por un lado, a entidades económicas y, por otro lado, a los productos y servicios que generan. Lo cierto es que, desde el surgimiento de la taxonomía verde, se pensó también en una taxonomía social. La diferencia será que esta última recae de forma más marcada en estándares internacionales y en valores, que en la ciencia.

Cabe destacar que el Grupo Técnico de Expertos en Finanzas Sostenibles de la Comisión Europea había presentado, en julio de 2021, el primer borrador sobre taxonomía social cuya segunda versión estaba prevista para finales de 2021. Finalmente, el informe ha visto la luz en febrero de 2022 y servirá para impulsar la inversión sostenible en Europa, poniendo foco en la protección de los derechos humanos y en el impacto social hacia los principales grupos de interés de las empresas: trabajadores, clientes y comunidades.

Según el informe, las actividades que podrían considerarse sostenibles desde el punto de vista social, deberían ser aquellas que realizan algún tipo de “contribución sustancial” a uno de los tres objetivos que plantea la taxonomía. La contribución podría hacerse mediante inversiones que eviten o mitiguen riesgos de incumplimiento de la protección a los derechos humanos en sectores de alto riesgo (ej. textil o agrícola) o bien, con inversiones que mejoren el impacto social positivo inherente de ciertas actividades económicas; principalmente en sectores de servicios básicos, educación, salud, vivienda e infraestructura digital. Por su parte, los destinatarios de esta taxonomía son los bancos, las empresas y los reguladores. Además, el informe propone tres objetivos que contienen sub-objetivos específicos orientados a generar un impacto positivo directo en los tres principales grupos de interés de las empresas: los trabajadores, los clientes y las comunidades.

En primer lugar, sobre los trabajadores, los sub objetivos son:

  • Promover la igualdad y los derechos humanos de toda la cadena de valor a través de la remuneración equitativa, protecciones sociales, eliminación de la precariedad, etc.
  • impulsar la igualdad y la no discriminación en el trabajo: brecha salarial, empleo para las mujeres, empleo a colectivos desfavorecidos, etc.
  • Garantizar los derechos humanos de los trabajadores en toda la cadena de valor.

En segundo lugar, sobre los clientes:

  • Protección de los datos y ciberseguridad de usuarios
  • Prácticas de marketing y comunicación clara y responsable.
  • Accesibilidad a productos y servicios básicos de calidad como alimentación, salud, vivienda, educación, agua y servicios asistenciales.
  • Diseño de productos duraderos, seguros y reparables.

En tercer lugar, comunidades sostenibles e inclusivas:

  • Infraestructura económica básica: transporte, telecomunicaciones (incluyendo Internet), servicios financieros, electricidad y eliminación de residuos.
  • Creación y preservación de empleos decentes, particularmente en el contexto de un entorno verde y justo y de transición digital.
  • Promoción de la igualdad de género.

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No caben dudas que se trata de una clasificación fundamental. El informe de la UE explica que la taxonomía social es necesaria en primer lugar, por la necesidad de inversiones sociales en sectores como la vivienda asequible, la atención médica, la educación y el respeto por los derechos humanos de trabajadores, consumidores, comunidades. En segundo orden, por el vínculo con el medioambiente que esta supone, es decir, ante la necesidad de medidas socialmente inclusivas para acompañar la transición verde y justa. Asimismo, por las oportunidades que esta clasificación traerá, ya que los inversores buscan cada vez más oportunidades de inversión social. Al mismo tiempo, dado que la ausencia de consideraciones sobre cuestiones sociales conlleva riesgos especialmente reputacionales para los inversores. Por último, el informe destaca que, ante la complejidad de medir lo social,  la falta de definiciones y de un sistema de clasificación estandarizado es un obstáculo para orientar el capital hacia actividades socialmente sostenibles y para la medición de su impacto. Además, es necesario evitar el ‘social-washing’ o lavado social.

En línea con el informe, Ana Rubio, desde el área de Regulación Financiera de BBVA afirmó que: “La introducción de una taxonomía social sería un paso importante para avanzar en el marco regulatorio de la sostenibilidad en Europa. En este sentido, los bancos llevan mucho tiempo trabajando con objetivos sociales y de inclusión financiera y esta taxonomía facilitará criterios comunes para promoverlo”.

BBVA, entidad financiera alineada con la taxonomía social 

La metodología que la entidad financiera utiliza para definir la financiación sostenible en crecimiento inclusivo está alineada con la propuesta de taxonomía social presentada en el informe de la Unión Europea. Al respecto, Antoni Ballabriga, director de Negocio Responsable de BBVA expresó que: “De forma complementaria, en BBVA también contamos con un marco ambiental y social en financiación, principalmente en Corporate Investment Banking, para cubrir las salvaguardas mínimas sociales  ‘Minimum Safe Guards’ en la terminología en inglés”.

En su propósito de poner al alcance de todos las oportunidades de esta nueva era, BBVA ha incorporado la acción climática y el crecimiento inclusivo como uno de los pilares que sustentan su estrategia de sostenibilidad. Su objetivo es movilizar los recursos oportunos para gestionar el desafío del cambio climático y abordar los ODS relacionados con este reto. Para ello, ha desarrollado una taxonomía interna de riesgos de transición que clasifica los sectores en función de su sensibilidad al riesgo de transición e identificar así métricas a nivel de cliente. Para el crecimiento inclusivo, los esfuerzos de BBVA están en promover la inclusión financiera, las infraestructuras inclusivas y el apoyo a emprendedores y micronegocios. Finalmente, cabe destacar que el estándar BBVA excluye actividades económicas que bajo ninguna circunstancia podrían considerarse como socialmente sostenibles como: generación nuclear, defensa, minería, armas de fuego, juegos de azar, pornografía y tabaco. En la propuesta de la taxonomía social las definen como "Harmful activities" (actividades perjudiciales o dañinas a los objetivos sociales).

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