La consultora McKinsey & Company ha publicado su informe “Cero Emisiones Netas: lo que costaría, lo que podría aportar” en el que examina las implicaciones de alcanzar ese nivel de emisiones en 2050 para: la demanda, el gasto de capital, los costes de producción y el empleo. La investigación se basa en los sectores que producen el 85% de las emisiones totales, con un análisis en profundidad de 69 países en todo el mundo. Entre otras cosas, el documento explica seis aspectos fundamentales que caracterizarán los cambios en los sistemas energéticos y de uso del suelo, los sectores económicos y los países en la transición a cero.
Seis aspectos claves para una transición energética justa y sostenible

No hay dudas de que los gobiernos y las empresas se están comprometiendo cada vez más con la acción climática. Sin embargo, existen importantes retos en el camino, entre los que destacan la magnitud de la transformación económica que supondría una transición neta a cero y la dificultad de equilibrar los importantes riesgos a corto plazo de una acción mal preparada o descoordinada con los riesgos a largo plazo de una acción insuficiente o retrasada.

McKinsey & Company ha publicado su último informe “Cero Emisiones Netas: lo que costaría, lo que podría aportar” en el que examina las implicaciones de alcanzar ese nivel de cero emisiones en 2050 para: la demanda, el gasto de capital, los costes de producción y el empleo. El documento se basa en el cálculo de los efectos económicos de la transición sobre la demanda, la asignación de capital, los costes y los puestos de trabajo hasta 2050 en los sectores que producen alrededor del 85% de las emisiones totales. Asimismo, se evalúan los cambios económicos de 69 países. Este informe no se trata de una proyección ni una predicción y no pretende ser exhaustivo; por el contrario, se trata de la simulación de una trayectoria hipotética y ordenada hacia los 1,5 ºC utilizando el escenario Net Zero 2050 de la Network for Greening the Financial System (NGFS), para ofrecer una estimación del orden de magnitud de los costes económicos y los ajustes sociales asociados a la transición a un nivel cero.

Según la investigación, seis rasgos caracterizarán los cambios en los sistemas energéticos y de uso del suelo, los sectores económicos y los países en la transición a cero. Estas características indispensables son:

1. Universal: El estudio explica que cada uno de los siete principales sistemas energéticos y de uso de la tierra contribuye de forma sustancial a las emisiones, por lo que cada uno de estos sistemas tendrá que sufrir una transformación si se quiere alcanzar el objetivo de cero emisiones. Además, estos sistemas son sumamente interdependientes. Por lo tanto, las acciones para reducir las emisiones deben llevarse a cabo de forma concertada en todos los sistemas. Por ejemplo, los vehículos eléctricos sólo permiten reducir las emisiones globales en la medida en que se haya logrado una producción de electricidad con bajas emisiones. Más ampliamente, todos los sectores y geografías deben desempeñar un papel. Todos los sectores de la economía participan en estos sistemas de energía y uso de la tierra a través de las cadenas de valor mundiales. Del mismo modo, todos los países contribuyen a las emisiones, ya sea directamente o a través de su papel en las cadenas de valor (aunque con diferencias significativas, como señalamos a continuación). Alcanzar las emisiones netas cero requerirá, por tanto, una transformación universal de la economía mundial.

 2. Económicamente significativa: La segunda característica apunta a que la transformación económica necesaria para lograr la transición a la red cero será significativa. El análisis se centra en la demanda, la asignación de capital, los costes y el empleo. Los expertos afirman que, si nos fijamos sólo en la asignación de capital, descubrimos que el gasto anual en activos físicos en los sistemas de energía y uso del suelo hasta 2050 tendría que ser aproximadamente un 60% mayor que el actual, con un aumento medio de 3,5 billones de dólares anuales. Si se tienen en cuenta los aumentos de gasto previstos, a medida que crecen las rentas y la población, así como las políticas de transición actualmente legisladas, el aumento de gasto necesario sería menor, pero todavía de alrededor de 1 billón de dólares. En total, la estimación hecha en el informe sugiere que el escenario Net Zero 2050 requeriría un gasto en activos físicos de unos 275 billones de dólares entre 2021 y 2050 (alrededor del 7,5% del PIB durante el período) en las áreas que analizamos.

3. Previsor:  El informe elaborado por la consultora internacional indica que varios aspectos de la transición hacia el cero neto serían más significativos en las primeras etapas del cambio. Por ejemplo, el aumento del gasto de capital mencionado anteriormente pasaría del 6,8% del PIB actual a cerca del 9% del PIB entre 2026 y 2030, antes de disminuir. El coste de la electricidad podría aumentar a corto plazo. En este escenario, el coste de la electricidad podría aumentar en un 25% desde los niveles de 2020 hasta 2040 y seguir siendo un 20% más alto en 2050, para construir activos de energía renovable e infraestructuras de red. A largo plazo, es concebible que el coste de la electricidad esté a la par o sea potencialmente inferior a los niveles de 2020, ya que las energías renovables tienen un coste de funcionamiento más bajo, siempre que el sistema eléctrico pueda encontrar la manera de superar la intermitencia de las energías renovables y construir redes flexibles, fiables y de bajo coste. El gasto de capital inicial para la transición a la energía neta cero también podría reducir otros costes operativos a lo largo del tiempo para los consumidores. Un ejemplo clave es la movilidad. En términos más generales, los expertos concluyen que es necesario actuar durante la próxima década para reducir la acumulación de emisiones y prevenir el aumento de los riesgos físicos que podrían producirse en décadas futuras.

4. Desigual: La cuarta característica apunta a que, pese a que será universal, la exposición económica a la transición no será uniforme en todos los sectores, zonas geográficas y comunidades e individuos. En primer lugar, los sectores que representan aproximadamente el 20 por ciento del PIB son los más directamente expuestos a la transición; tienen altos niveles de emisiones en sus operaciones (por ejemplo, el acero y el cemento), y en el uso de sus productos (por ejemplo, los automóviles y los combustibles fósiles). Los sectores que representan aproximadamente otro 10% del PIB también están expuestos debido a las emisiones en sus cadenas de suministro (por ejemplo, la construcción). Según la investigación muchos de ellos podrían sufrir una disminución de la demanda de productos en su forma actual. Muchos de estos sectores también incurrirían en aumentos de costes a medida que se descarbonizan. Por ejemplo, los costes de producción del acero y del cemento aumentarían en torno al 30% y al 45%, respectivamente, en 2050, en comparación con la actualidad, en el escenario que analizamos.

En segundo lugar, los países de ingresos más bajos o con economías que dependen en gran medida de los sectores productores de recursos de combustibles fósiles también estarían más expuestos; por ejemplo, el África subsahariana, América Latina, la India y algunos otros países asiáticos requerirían un gasto de capital de alrededor del 10% o más del PIB, aproximadamente una vez y media más que el gasto de capital en otras regiones como Europa, Estados Unidos y Japón, y el despliegue del capital puede ser más difícil para estas regiones; una mayor parte de su actividad económica, el empleo y el stock de capital también estarían expuestos y podrían necesitar transformarse. Por último, dentro de los países, algunas comunidades podrían verse más afectadas que otras si sus economías dependen en gran medida de industrias con altos niveles de emisiones o cuyos productos son grandes emisores.

5. Expuesto a riesgos: La gestión de la transición hacia el cero neto influirá sustancialmente en los resultados, y cualquier escenario estará expuesto a riesgos. El documento afirma que estos riesgos van desde el potencial de aumento de los riesgos climáticos físicos si cualquier transición es abrupta o se retrasa, hasta el aumento de la perturbación del mercado laboral en caso de que la naturaleza de cualquier cambio sea tan abrupta que los trabajadores no tengan tiempo suficiente para adaptarse. La varada de activos a gran escala también es un riesgo importante, si una transición abrupta significa que incluso los activos relativamente nuevos de altas emisiones se retiran o se sustituyen por otros de bajas emisiones antes de sus ciclos normales de sustitución.

En este sentido, el análisis de los activos varados en el sector eléctrico sugiere que unos 2,1 billones de dólares de activos podrían ser retirados prematuramente o infrautilizados en el escenario neto cero analizado de aquí a 2050. Uno de los riesgos más inmediatos es el de una transición energética desordenada, si el aumento de las actividades de bajas emisiones no se produce con la suficiente rapidez para cubrir los huecos dejados por la reducción de las actividades de altas emisiones. Este desajuste podría afectar a los mercados energéticos y a la economía en general si el suministro y los precios de la energía se vuelven volátiles.

6. Rico en oportunidades: Por último, el informe sostiene que las oportunidades para los países, los sectores y las empresas podrían ser considerables si son capaces de aprovechar los mercados en crecimiento a medida que el mundo se transforma en una economía neta cero. Los países que disponen de abundante capital natural, como más horas de sol, o que invierten en capital tecnológico, humano y físico podrían estar bien posicionados para prosperar en la economía neta cero.  De este modo, sugiere la investigación, las empresas también podrían beneficiarse de tres categorías de oportunidades: en primer lugar, a través de la descarbonización de procesos y productos, que puede hacerlos más rentables en algunos casos o aprovechar nuevos mercados para productos de emisiones relativamente bajas; en segundo lugar, a través de productos y procesos totalmente nuevos con bajas emisiones de carbono que sustituyan a las opciones establecidas con altas emisiones de carbono, por ejemplo, los fabricantes de automóviles que satisfagan la nueva demanda de vehículos eléctricos en lugar de vehículos con motor de combustión interna; y en tercer lugar, a través de nuevas ofertas para apoyar la producción en las dos primeras categorías.

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