En la última década, a nivel mundial, se han perdido el 14% de los arrecifes de coral, que significan unos 11.700 kilómetros cuadrados, debido al incremento de las temperaturas de la superficie marina. Un informe recientemente publicado por la Red Mundial de Vigilancia de los Arrecifes Coralinos advierte sobre el impacto medioambiental que esto supone.
El calentamiento global ha causado una pérdida irreversible de arrecifes de coral

 Los arrecifes de coral son ecosistemas que se extienden a lo largo de los trópicos y cubren apenas el 0,2% del lecho oceánico. A pesar de no ocupar tanto espacio físico alojan a más de la cuarta parte de las especies marinas y proporcionan a la humanidad proteínas y componentes básicos para muchos medicamentos que salvan vidas, además de que cientos de millones de personas dependen de ellos para alimentarse, trabajar y protegerse de las tormentas y la erosión.

Además de ser muy bonitos, evidentemente su importancia en términos ecológicos es grande. La mala noticia es que los corales están muriendo como consecuencia del cambio climático, el exceso de pesca y el desarrollo y el turismo insostenible.  Un informe publicado este martes por la Red Mundial de Vigilancia de los Arrecifes Coralinos, apoyada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que en los últimos 10 años, el mundo ha perdido el 14% de sus arrecifes de coral. Esto supone unos 11.700 kilómetros cuadrados- debido al incremento de las temperaturas de la superficie marina. Este estudio es el más amplio análisis jamás realizado sobre el estado de salud de los arrecifes del mundo y ha recopilado información de 12.000 sitios en 73 países desde 1978.

La investigación explica que los corales son el ecosistema que alberga la mayor biodiversidad, lo que los convierte en uno de los más complejos y valiosos del planeta en términos biológicos. Los expertos advierten que las pérdidas que se están registrando son consecuencia del cambio climático y otras actividades humanas como el exceso de pesca, el desarrollo y el turismo insostenibles en las zonas costeras y la contaminación y acidificación del agua que resulta de todo ello.

El estudio explica que cuando las aguas se calientan demasiado, los corales expulsan microalgas que les dan color y se tornan blancos. Si la decoloración se prolonga o sucede con una frecuencia que no les permite recuperarse, los corales mueren. Es entonces cuando las algas toman su lugar. Esa vegetación se ha incrementado un 20% en la última década. Los datos que proporciona la investigación no son nada alentadores: según los autores del documento, es “muy probable” que los aumentos rápidos de las temperaturas de la superficie marina se produzcan “con mayor frecuencia a medida que el planeta prosiga su proceso de calentamiento”.

Pero no todo está perdido. Pese a las malas noticias, el estudio asevera que no es demasiado tarde para salvar a los corales si se actúa de inmediato para frenar el calentamiento de los océanos, la pesca excesiva y la contaminación, y si se mejora la gestión de los litorales fomentando una explotación sostenible de los recursos marinos y un turismo ecológico.

La investigación afirma que, pese a que hay algunos datos irreversibles, en 2019, los arrecifes recuperaron un 2% de su cobertura de coral, lo que demuestra que pueden restablecerse. Esta recuperación indica que los arrecifes de coral aún se muestran resilientes y que, si las presiones que pesan sobre ellos se relajan, tienen la capacidad de restablecerse, potencialmente en cuestión de una década, y volver a ser los arrecifes sanos y florecientes que prevalecían antes de 1998.

En este sentido, el PNUMA recuerda que la ciencia es un instrumento muy poderoso que, así como impulsó la recuperación de la capa de ozono puede revertir el declive de los océanos y los arrecifes de coral si cuenta con el apoyo de la sociedad en su conjunto. Finalmente, lLa agencia de la ONU considera que los esfuerzos ambiciosos y coordinados de los gobiernos, las empresas y las personas pueden prevenir y revertir los peores efectos del deterioro ambiental mediante la transformación de los sistemas de energía, agua y alimentos para que el uso de la tierra y el mar sea sostenible.

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