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Comer sano debería ir siempre acompañado de la alimentación sostenible. No sólo importa qué comemos sino de dónde viene aquello que consumimos. La forma de adquirir los alimentos debe cumplir una serie de requisitos para contribuir al cuidado medioambiental. Con una dieta correcta se podría reducir la emisión de gases de efecto invernadero hasta en un 40 %.

Una dieta equilibrada aporta muchos beneficios al organismo del ser humano. Pero ¿cómo actúa una dieta saludable sobre el planeta? Gumersindo Feijoo, vicerrector de Planificación, Tecnología y Sostenibilidad y catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Santiago de Compostela explica que “La producción y consumo de alimentos conlleva un gran impacto ambiental. Para dilucidar la cuantificación de dicho impacto, son dos los indicadores que podemos utilizar: la huella de carbono y la huella hídrica. Los tres sectores que más contribuyen al cambio climático son la energía, la alimentación y el transporte; por lo tanto, una dieta correcta tiene efectos importantes para la salud del planeta. La reducción del 60 % en los Gases de Efecto Invernadero (GEI), por ejemplo, sobre el global sería excesivo, pero sí podríamos reducir hasta un 40 %”.

Según datos aportados por Feijoo, la huella de carbono es una medida de las emisiones de gases de efecto invernadero y se define como la cantidad de dióxido de carbono equivalente que un producto genera en un período de tiempo a lo largo de su ciclo de vida (extracción, producción, envasado, transporte, consumo y gestión de residuos). La huella hídrica cuantifica el volumen total de agua dulce usada a lo largo de toda la cadena de valor para producir los bienes que habitualmente consumimos. La FAO ha establecido que un 70 % de la huella hídrica mundial está relacionada con la producción de alimentos.

Hacer algunas modificaciones en nuestra alimentación diaria puede significar importantes avances para el cuidado del medioambiente.  Una de las medidas sería reducir la cantidad de carne roja y procesada. Y otra, duplicar el consumo de frutas y verduras. De esta forma, seríamos un poco más sostenibles y también saludables. Lo que es bueno para nuestra salud lo es también para el medioambiente, explican los expertos.

Algunas de las características clave que debe tener una dieta para que sea sana y sostenible son:

  • Que esté compuesta de productos frescos.
  • Que esos productos sean vegetales.
  • Que también sean de proximidad.
  • Que sean de temporada.
  • Que se hayan producido de forma sostenible.
  • Que no estén envasados con plásticos.
  • Que se limite el desperdicio de los alimentos.

Según el Estudio Prospectivo Europeo sobre Dieta y Cáncer, realizado sobre 40.621 personas de cinco comunidades autónomas (Asturias, Murcia, Navarra, País Vasco y la provincia de Granada), el consumo de carne roja y procesada origina el 41 % de las emisiones de GEI de la dieta y solo un 11 % se origina del consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales. Las emisiones del consumo de carne roja y procesada de la dieta fueron 4,7 veces más altas en grandes consumidores de carne roja (más de 140 g/día) que en los bajos consumidores (menos de 70 g/día).

Es por esto que la promoción del consumo sostenible es una estrategia clave para lograr beneficios ambientales y una seguridad alimentaria sostenible. Cuidar el planeta también es cuidarnos a nosotros mismos. 

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