El último informe publicado por el Fondo Monetario Internacional en octubre de este año, advierte que, si los Estados no actúan, el cambio climático supondrá un costo económico y humano catastrófico. Pero todavía no es demasiado tarde para cambiar el rumbo. El reporte muestra que las herramientas de política económica pueden preparar el camino para lograr emisiones netas cero de aquí a 2050, aun cuando el mundo intenta recuperarse de la crisis de la COVID-19. Además, estas políticas pueden aplicarse de forma que respalden el crecimiento económico, el empleo y la igualdad de ingresos.
La política económica juega un rol decisivo para abordar el cambio climático

Si bien en los últimos meses los Estados ha enfocado todos sus esfuerzos en mitigar los impactos generados por la COVID-19 en todos los planos,  el último informe WEO publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI)afirma que resulta central no perder de vista las políticas públicas destinadas a detener el cambio climático. Es sabido que debido a la acumulación en la atmósfera de gases de efecto invernadero que retienen el calor, la temperatura mundial ha aumentado aproximadamente 1 °C desde la era preindustrial. El panorama es complejo y no parece que fuera a mejorar. A menos que se actúe con decisión para frenar las emisiones de estos gases, la temperatura mundial podría aumentar entre 2 °C y 5 °C adicionales de aquí a final de este siglo. Mantener las temperaturas en niveles que los científicos consideran seguros exige reducir las emisiones netas de carbono a escala mundial a cero de aquí a mediados de siglo.

Ante este panorama en el cual urge actuar, el Fondo Monetario Internacional explica que las herramientas de política económica pueden preparar el camino para lograr emisiones netas cero de aquí a 2050, aun cuando el mundo intenta recuperarse de la crisis de COVID-19. El organismo internacional ha demostrado en su último informe, que estas políticas pueden aplicarse de forma que respalden el crecimiento económico, el empleo y la igualdad de ingresos.

Las políticas económicas pueden contribuir a abordar el cambio climático a través de dos vías principales: Por un lado, sus efectos sobre la composición de la energía (fuentes de bajas emisiones frente a fuentes de altas emisiones) y por el otro, su influencia sobre el uso total de energía. Los costos y los beneficios de las distintas políticas se determinan en función de cómo explotan estas dos vías distintas.

Por ejemplo, un impuesto sobre el carbono encarece los combustibles contaminantes, lo que incentiva a los consumidores de energía a consumir combustibles más verdes. El consumo total de energía también disminuye ya que, en general, la energía es más cara.Asimismo, las políticas cuyo objetivo es abaratar la energía verde y aumentar su disponibilidad (subsidios o inversión pública directa en energía verde) incrementan el porcentaje de energía de bajas emisiones. Sin embargo, al abaratar la energía en su conjunto, los subsidios a la energía verde estimulan la demanda total de energía o, al menos, no la reducen.

En consonancia con este razonamiento, el análisis más reciente realizado por expertos del FMI, sugiere que vincular los impuestos sobre el carbono a políticas que amortigüen el impacto sobre los costos de la energía de los consumidores puede lograr rápidas reducciones de emisiones sin grandes impactos negativos sobre el producto y el empleo. Inicialmente, los países deberían optar por un estímulo a las inversiones verdes: inversiones en transporte público limpio, redes eléctricas inteligentes que incorporen energías renovables en la producción de electricidad y el acondicionamiento de edificios para que mejoren su eficiencia energética. Un impulso de este tipo a las infraestructuras verdes lograría dos objetivos.

En primer lugar, estimularía el PIB mundial y el empleo en los primeros años de la recuperación de la crisis de la COVID-19. En segundo lugar, las infraestructuras verdes aumentarían la productividad de los sectores con bajas emisiones de carbono, lo que incentivaría al sector privado a invertir en estos sectores y facilitaría la adaptación al aumento de los precios del carbono.

El informe afirma que, de implementarse, un programa de políticas de este tipo, que reduzca las emisiones y limite el cambio climático, situaría a la economía mundial en una trayectoria sostenible. El efecto neto reduciría aproximadamente a la mitad la pérdida esperada de producto derivada del cambio climático y generaría aumentos a largo plazo del PIB real muy por encima de su trayectoria actual a partir de 2050.

Cabe mencionar, que el informe también advierte que pese a los beneficios a largo plazo y al impulso inicial a la actividad económica, estas políticas imponen costos que acompañan a la transición. Entre 2037 y 2050, la estrategia de mitigación contendría el PIB mundial aproximadamente un 0,7% anual en promedio y 1,1% en 2050, en relación con una situación sin cambios en las políticas. Sin embargo, estos costos parecen razonables si se considera que la proyección de crecimiento del producto mundial de ahora a 2050 es del 120%.

Los costos de la transición en términos del producto que se asocian al conjunto de medidas de política varían significativamente según el país. Algunas economías avanzadas podrían experimentar costos económicos menores, o incluso beneficios, a lo largo de la transición. Dadas sus inversiones más tempranas en energías renovables, estas economías pueden aumentar con mayor facilidad su uso y evitar grandes costos de ajuste.

A su vez, los hogares de bajos ingresos tienen más probabilidades de resultar perjudicados por la fijación de precios del carbono, ya que dedican un porcentaje relativamente alto de sus ingresos a energía y tienen más posibilidades de trabajar en el sector del transporte o la industria manufacturera con altas emisiones de carbono. Los gobiernos pueden hacer uso de distintas políticas para limitar el impacto negativo del aumento de los precios del carbono sobre los hogares.

Los gobiernos deben moverse con rapidez para garantizar una transición justa y que favorezca el crecimiento. El medioambiente ya no puede esperar y las herramientas están al alcance de los líderes políticos, sólo falta la decisión de actuar.

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