La banca celebra el Día Mundial por la Reducción de Emisiones de CO2 reafirmando su política a favor del medioambiente y fijó desde el 1 de enero de este año un precio interno a sus emisiones. De este modo se compromete a ser neutro en carbono en 2020.
BBVA alinea su actividad al Acuerdo de París y los ODS y se compromete a reducir emisiones de CO2

BBVA se propusó en 2015 el objetivo de lograr la máxima eficiencia energética y el menor impacto medioambiental en los edificios y oficinas en todo el mundo. A escala global BBVA redujo un 7% el consumo de energía por persona desde enero de 2016 hasta diciembre de 2018, un 35% de su consumo procede de fuentes renovables. A diciembre de 2018, la reducción de emisiones de CO2 era del 27% respecto a 2015. La banca apuesta fuertemente a lograr una economía más sostenible. En este sentido, la entidad financiera se ha comprometido a ser neutra en emisiones de CO2 en el 2020 y asigna desde el 1 de enero un precio interno a sus emisiones, incorporando así este factor en sus procesos de toma de decisiones.

La neutralidad de carbono se consigue cuando se emite la misma cantidad de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera de la que se elimina por distintas vías, lo que deja un balance cero, también denominado huella cero de carbono. La forma óptima de conseguir este equilibrio es no emitir más CO2 del que la naturaleza pueden absorber de forma natural. BBVA es una de las empresas que optan por aplicar los dos modelos existentes para disminuir la huella de carbono: una es la reducción y, cuando esta no es posible, la compensación.

Claramente el modelo medioambientalmente más recomendable es el de reducción directa de emisiones de CO2. Es una mejor solución frente a la compensación, ya que directamente no contamina. Es más importante reducir emisiones que compensarlas posteriormente. BBVA apuesta por ello y desde comienzos de este año ya asigna un precio interno a sus emisiones de carbono, que incorporará a sus procesos de toma de decisiones, así como a la planificación y al presupuesto. Es un procedimiento novedoso que obligará a cada área a planificar el gasto en CO2 que tendrá cada una de sus acciones y favorecerá la reducción de las emisiones.  Cada área y cada empleado en particular, tomará mayor conciencia porque ese coste de CO2 que emita su departamento (en viajes, por ejemplo) se asignará internamente a su presupuesto. Esta iniciativa se suma al Plan Global de Eco eficiencia del banco, que promueve desde hace años medidas de eficiencia energética en sus edificios.

Además de la reducción, que como hemos afirmado es el mejor de los métodos, existe el modelo de compensación de huella de carbono. Bajo la premisa “primero reduce lo que puedas y luego compensa el resto”, se puede lograr la compensación aportando de forma voluntaria una cantidad económica proporcional a las toneladas de CO2 generadas comprando compensaciones de carbono o créditos de carbono, y al mismo tiempo invertir en proyectos como plantar árboles que absorban determinadas toneladas de CO2. BBVA también recurre a la compensación para aquellas emisiones de CO2 que todavía no ha reducido o eliminado. Los proyectos de compensación de emisiones tienen lógica ambiental si van precedidos por acciones previas de reducción y tienen consecuencias ambientales favorables.

El plan de sostenibilidad ya está en marcha desde hace algunos años. Desde 2015 y hasta 2018 (últimos datos disponibles), solo en España ya ha conseguido evitar la emisión a la atmósfera de más de 12.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2).  Algo que se ha logrado con la aplicación de 800 medidas de ahorro energético y mediante el uso de la inteligencia artificial y los denominados algoritmos verdes, entre otras. Estas tecnologías favorecen una iluminación y climatización más eficiente, tanto en sus edificios centrales como en sus sucursales territoriales. 

Además de la firma de los Principios de Banca Responsable con Naciones Unidas, de los que BBVA fue uno de sus bancos fundadores, la entidad se ha sumado al Compromiso Colectivo de la Acción para el Clima, lanzado por 31 entidades financieras internacionales. Este compromiso tiene el objetivo de alinear sus productos y servicios con una estrategia colectiva ante la crisis climática y pretende que las entidades adheridas alineen sus carteras al Acuerdo de París “para reflejar y financiar la economía baja en carbono, necesaria para limitar el calentamiento global por debajo de los 2 grados, esforzándonos por limitarlo a 1,5 grados”. Para una entidad financiera, y debido a su actividad, es en esas emisiones producidas por los clientes donde se encuentra su mayor impacto en términos de contribución a la generación de CO2. Desde Naciones Unidas, consideran que se trata de “el compromiso de mayor envergadura del sector bancario con el clima hasta la fecha”.

Todas las acciones de ahorro energético que se visibilizan con motivo del Día Mundial para la Reducción de Emisiones de CO2 están orientadas para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. En concreto, los ODS número 7 (acceso a una energía asequible y no contaminante), 12 (garantizar unas pautas de consumo y de producción sostenibles) y 13 (luchar contra el cambio climático y sus efectos).

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