¿Qué desafíos sociales representa la vivienda digna en España? El último informe del Observatorio Social de la Caixa analiza los tres retos en este campo en España que son el acceso a la vivienda, sus condiciones y las necesidades energéticas. La vivienda es un activo fundamental para los hogares y ha supuesto tradicionalmente un mecanismo de protec­ción frente al descenso de los ingresos. Para casi la mitad de los españoles, afrontar los pagos asocia­dos a la vivienda supone una carga económica pesada, absorbiendo la gran parte de sus rentas disponibles.
Poseer una vivienda en España, un lujo para unos pocos

En este nuevo informe del Observatorio Social de la Caixa sobre las necesidades sociales en España se mide el grado de satisfacción de las necesidades sociales relacionadas con la vivienda en los últimos años. A través de indicadores y de las principales fuentes tales como la Encuesta de Condiciones de Vida, la Encuesta de Presupuestos Familiares y la Estadística sobre vivienda y actuaciones urbanas del Ministerio de Fomento, se analizan las principales fuentes que permiten valorar la cobertura de las necesidades sociales en torno a tres retos básicos:

En primer lugar, poder acceder a una vivienda sin reali­zar un esfuerzo financiero excesivo; en segundo lugar, que las viviendas existentes ofrezcan a sus moradores unas condiciones dignas y adecuadas. Y por último, conseguir evitar situaciones de pobreza energética que afectan a la salud y la integración social.

De las conclusiones que se extraen del estudio, los problemas más graves son los retrasos en el pago del alquiler o la hipo­teca, que pueden desembocar, si se repiten, en procesos de desahucio, pero afectan solo a una pequeña proporción de la población española, aunque su frecuencia aumentó du­rante la etapa de crisis. El coste de la vivienda también es un problema importante para algunos gru­pos sociales, que tienen que dedicar gran parte de lo que generan a este cometido. En el caso de los jóvenes, el alto precio de la vivienda, tanto en propiedad como de alquiler, contribuye a retrasar los procesos de emancipación del hogar familiar.

En cuanto al primer reto que es el acceso a la vivienda: 

Una familia media, con ingresos medianos, sigue necesitando como míni­mo casi 6 años para poder comprar una vivienda tipo a los precios vigentes, suponiendo que dedicase a ello el total de su renta disponible anual. Son 2 años más de los 4 que los expertos consideran que representarían un esfuerzo financiero prudente. La dificultad de acceso es mucho mayor en los hogares que se encuentran en la parte baja de la distribución de la renta (primer quintil): es­tas familias de ingresos modestos necesitarían más de 16 años para poder comprar la vivienda, incluso desti­nando a ello toda su renta disponible.

El alquiler está siendo la alternativa más común tras el inicio de la crisis, cuando se hizo más difícil obtener préstamos. El problema es que los precios de la vivienda en alquiler también han experi­mentado una subida importante en estos últimos años, dificultando aún más el acceso a la vivienda. Teniendo en cuenta datos del portal inmobiliario Si atendemos a los datos que publican algunos portales inmobiliarios, como Idealista, los precios han experi­mentado una subida del 18,4% en 2017.

Los expertos aconsejan dedicar como máximo un 30% de los ingresos mensuales a la compra o el alquiler de la vivienda, pero la realidad es que los gastos de vivienda absorben una parte mayor de la renta disponible de muchas familias: más de una quinta parte de la población española vive en hogares sobrecargados por el coste de la vivienda, al superar estos gastos el 30% de su renta. Además, casi la mitad de la población declara que afrontar los pagos asocia­dos a la vivienda supone una carga económica pesada.

El acceso al mercado de la vivienda, tanto en alquiler como en propiedad, es especialmente difícil para los jóvenes que son menores de 35 años. Un joven que alquile una vivienda en 2017 debería gastar el 40% de la renta disponible de su hogar para acceder a un alquiler y para los más jóvenes, menores de 25 años, este porcentaje llegaría a alcanzar incluso el 44% de los ingresos. En el caso de los menores de 30 años, el coste del alquiler representa casi el 70% de sus ingresos.

El segundo reto son las condiciones de la vivienda:

El reto no solo es poder acceder a una vivienda, sino que esta sea digna, con unas mínimas condiciones para poder vivir en ella de manera adecuada como por ejemplo instalaciones sanitarias básicas de la vivienda, bañera o ducha e inodoro. 

Otros problemas que pueden empeorar las condiciones de la vivienda son las relacionadas con las defi­ciencias estructurales o con un mantenimiento inade­cuado como las humedades y las goteras, o la escasez de luz natural que afectan a mucha más gente. Además, existe el problema menos extendido del hacinamiento de aproximadamente un 5% de la población donde habitan en las viviendas un número mayor que el adecuado afectando al espacio vital y la intimidad, lo que supone desde la definición europea, sufrir "privación severa" en este ámbito.

Según los datos de la última Encuesta de Presupuestos Familiares, el 8% de la población reside en viviendas que tienen menos de 15 m2 por ca­da miembro del hogar, justo el doble que en el año 2008. Estas situaciones de escasez de espacio se da con mayor frecuencia en las ciudades (9,4% en urbes con más de 100.000 habitantes) que en el campo (6,1% en municipios menores de 10.000 habitantes), pero sobre todo es un problema al que se enfren­tan las personas pobres.

El tercer reto es satisfacer las necesidades energéticas domésticas:

La pobreza energética está directamente ligado a la imposibilidad de los hogares en tener recursos suficientes para satisfacer las necesidades energéticas domésticas como la electricidad, el gas o la ca­lefacción, debido al bajo nivel de recursos, al coste de los suministros o a la baja eficiencia energética de la vivienda. En el caso español, con la crisis, esta situación se ha agravado ya que los precios de la energía aumentaron al mismo tiempo que muchas personas perdían su trabajo. Aunque los últimos datos sobre esta temática han mejorado, los retrasos en el pago de los recibos, el gasto ener­gético desproporcionado o tener una renta insuficiente (inferior al IPREM) tras el pago de las facturas de luz o gas de la vivienda siguen siendo problemas más fre­cuentes hoy que en los años previos al inicio de la crisis.

Estos retrasos en el pago conllevan cortes de suministro, una situación poco deseable desde el punto de vista social. Según los datos de la Encues­ta de Condiciones de Vida, un 2% de la población ha dejado de disponer, por problemas económicos, de al­guna fuente de energía durante el año 2016.

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