Después de casi seis de años de debates, encuentros, ponencias e intercambios sobre Responsabilidad Social Empresarial una cuestión parece quedar meridianamente clara. La RSE constituye ya un elemento imprescindible en la estrategia de cualquier organización o empresa.

Muchos son los argumentos a favor que se han utilizado, desde los puramente derivados de la oportunidad y la imagen hasta los que se fundamentan en el compromiso leal de las empresas con la sociedad. Lo cierto es que la sensibilidad social exige una orientación hacia la consideración del impacto social por parte de las compañías. También las instituciones públicas se han interesado y apoyado cualquier tipo de iniciativa que implique un mayor grado de vinculación social de las organizaciones con la realidad social.

Pero hay un argumento que se ha utilizado poco hasta ahora y que considero que se ha de tener en cuenta por su trascendencia, sobre todo en estos momentos de constitución del Consejo Estatal de RSE. Ha pasado desapercibido hasta ahora quizás debido tanto a su carácter más técnico cuanto por su honda implicación económica para los estados y la propia sociedad, más allá del puro impacto publicitario y mediático. Según un estudio europeo realizado en el año 2004, la tendencia del Impuesto sobre Sociedades en los países de la OCDE ha sufrido un recorte del 10%, pasando de ser cercano al 40% en el año 1996 a rozar casi el 30% en el año 2004. En el caso de los países de la Unión Europea la tendencia ha sido todavía más acusada, debido a las recientes incorporaciones por parte de los antiguamente denominados Países del Este, los cuales tienen unos niveles impositivos con un tipo medio del 21,3%.

Por lo tanto, la reducción de uno de los fundamentos recaudatorios básicos del Estado ha de ser compensado de alguna manera a fin de no lesionar más de lo que ya se encuentra el Estado del Bienestar. Los recortes sociales en los países desarrollados son argumentados como efectos de la evitación de la quiebra del Estado Social y Asistencial. Por ello, iniciativas como la Responsabilidad Social Empresarial suponen no sólo planteamientos derivados de posiciones morales o de asunción del avance del modelo Social-Capitalista actual, así como de la vigilancia que la propia Sociedad Civil ejerce sobre las organizaciones, en especial con las lucrativas. Es también el resultado de la iniciativa de tratar de paliar la reducción de las obligaciones fiscales directas de las empresas y, por tanto, encontrar nuevas vías de conexión económica entre estas y el conjunto de la Sociedad. No siendo posible ni deseable por lo de ahora, al modo de la reclamada tasa Tobin, un impuesto social sobre las corporaciones, la RSE podría cumplir una cierta función reparadora del devastador efecto producido por el capitalismo rapaz y despiadado de finales del siglo anterior así como de las posteriores repercusiones que la globalización tiene y tendrá en los años venideros.

Manuel Carneiro Caneda 

Profesor de la universidad Francisco de Vitoria

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