La corrupción es un tema que preocupa y mucho a las compañías. No sólo por temas de reputación y confianza del cliente, sino también por la reacción de sus inversores. La lucha por la corrupción pasa por el liderazgo y éste no se improvisa
RSE.- El dilema de las empresas con la corrupción: dar pasos decididos o amoldarse

A pesar que las administraciones tienen mucho peso en esta temática, las empresas son un actor de cambio esencial en la lucha contra la corrupción. "Deben cristalizar medidas y palancas anticorrupción con un compromiso sólido para contar con buenas prácticas", así comenzó Ana Sainz, directora de la Fundación SERES, la conferencia SERES-ESADE para debatir sobre las políticas activas contra la corrupción.

“Es necesaria una adecuada gestión del liderazgo para hacer frente a la corrupción”, opinó Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de ESADE y moderador del acto en el que participaron como ponentes Javier Targhetta, presidente de Atlantic Copper y senior vice president Marketing & Sales de Freeport-McMoRan; José Luis Blasco, socio responsable del Área de Gobierno, Riesgos y Cumplimiento de KPMG; Javier Ellena, presidente de Lilly España, Grecia y Portugal; Marta Martín, directora de Responsabilidad Corporativa y Comunicación Interna de NH Hotel Group. 

 “La corrupción es un tema relevante que es necesario abordar” y hacer frente a ésta “forma parte de la gestión ética de nuestra empresa” ha reconocido Marta Martín, directora de Responsabilidad Corporativa y Comunicación Interna de NH Hotel Group. La compañía ha creado un modelo de compliance [cumplimiento regulatorio] y un código ético, dos acciones que inciden directamente en el gobierno corporativo de la compañía y que tienen como objetivo “crear una cultura de responsabilidad y trasladarla a nuestro día a día, tanto a nuestros diferentes stakeholders como a los miembros de nuestra compañía” destacó Martín. 

Por su parte, Javier Targhetta, presidente de Atlantic Copper y senior vice president Marketing & Sales de Freeport-McMoRan, explicó que en el sector al que pertenecen [el minero] existe “una mayor regulación” y por ello cuentan con “una figura del compliance officer en cada unidad y un comité de seguimiento que reporta directamente al Consejo de Administración”. Para él, los valores fundamentales de las políticas contra la corrupción son: “integridad, respeto, excelencia, compromiso, adaptación y anticipación al cambio”. 

También desde la industria farmacéutica Lilly comparten la visión de trasladar y fomentar a su cadena de valor las políticas éticas para crear más una cultura que una divulgación, es decir, que “no sea una cuestión de fe ni de moda, sino un tema constante y presente en el discurso de nuestros dirigentes al más alto nivel” ha reconocido Javier Ellena, presidente de Lilly España, Grecia y Portugal. Como ejemplo de ello, Ellena mencionó “la publicación voluntaria de las transferencias de valor entre organizaciones y profesionales sanitarios”. Un paso que, desde su punto de vista, ha sido “necesario” y que “deberían replicar otros sectores”. 

José Luis Blasco, socio responsable del Área de Gobierno, Riesgos y Cumplimiento de KPMG, entiende que la corrupción “es el principal limitante para el ejercicio del derecho de las personas”. “Si atendemos a las tendencias en materia de políticas contra la corrupción, sería necesario pensar en cuatro grandes bloques: cooperación internacional, puesta en marcha del self-report, voluntariedad y outsourcing de la RSE”, ha añadido. En este sentido, ha destacado que “cambiar la manera en que nos comunicamos y trabajamos sobre las áreas de riesgo es clave para trasladar la cultura ética a nuestras cadenas de valor”. 

A modo de conclusión, el director del Instituto de Innovación Social de ESADE, Ignasi Carreras, detalló que existen dos actitudes que toman las empresas para afrontar la corrupción: algunas “se comprometen y dan pasos decididos para terminar con la corrupción” mientras que otras “simplemente se amoldan a ésta”. 

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