En la sociedad actual la innovación se ha convertido en un motor de desarrollo y cambio, y es un elemento clave para definir la competitividad de las empresas. Tradicionalmente, la innovación empresarial tenía lugar en los departamentos de I+D de grandes corporaciones, pero la explosión del fenómeno emprendedor y los múltiples ejemplos de startups disruptivas que han modificado completamente las dinámicas de muchos sectores económicos, han cambiado el foco de atención del “elefante” a la “gacela”.
Debido a la naturaleza y posicionamiento de las empresas públicas, que estas logren gestionar los riesgos ESG (ambientales, sociales y de buen gobierno) en un entorno marcado por la actual crisis del coronavirus, resulta fundamental para que puedan contribuir a una recuperación sostenible de la sociedad en su conjunto.
La desigualdad es la pandemia más grave. Aún peor que la pandemia de coronavirus. Según el último informe publicado por OXFAM, a finales de este año, 12.000 personas al día podrían morir de hambre a causa de la crisis del COVID-19, posiblemente más que de la enfermedad. El COVID-19 es la gota que ha colmado el vaso para millones de personas que ya tenían que hacer frente a los efectos de políticas neoliberales, pobreza, cambio climático y la desigualdad. El coronavirus está agravando el hambre en un mundo hambriento.
La Madre Teresa, que es con el sobrenombre con el que la albanesa Agnes Gonxha Bojaxhiu se sintió más cómoda a lo argo de su dilatada biografia, fue una monja católica de origen albanés naturalizada india, que fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta en 1950.Su apariencia frágil, encorvada y diminuta escondía la mayor de las fortalezas jamás conocidas. El instrumento que utiliza para cambiar el mundo fue la caridad. La caridad es la virtud de amar al prójimo incluso sobre sí mismo.
La crisis del coronavirus y el posterior y necesario confinamiento de gran parte de la población mundial ha detenido la mayoría de las actividades de nuestra vida cotidiana, a excepción de la contaminación atmosférica. El confinamiento para contener la propagación del nuevo coronavirus ha restringido marcadamente la actividad económica y numerosos informes indican que pueden verse cielos azules, en algunos casos por primera vez en la vida de los habitantes de distintos lugares. Sin embargo, ¿realmente esto se traduce en niveles más bajos de contaminantes atmosféricos nocivos?
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