El miedo, que es capaz de parar el mundo, es también capaz de tirar por la borda todo el trabajo de años y años despertando la conciencia medioambiental, luchando por visibilizar las desigualdades de género, tratando de construir en los barrios vida para el barrio –cosa de la que no se preocupan las instituciones-, reinventando nuevas formas de aprender que desvían la importancia exclusiva del contenido y la memorización. El miedo tiene muchos aliados, y realmente paraliza el planeta. Sólo hay una cosa que puede hacerle frente: el amor.