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HM BangladeshBangladesh está en el centro de la atención mundial debido a la mayor catástrofe industrial de la historia. En abril de este año se produjo el  hundimiento de las fábricas de Rana Plaza que causó 1.130 muertos y más de 2.500 heridos, y también hubieron violentas protestas y movilizaciones de los trabajadores textiles que llevaron al cierre a cientos de fábricas, reivindicando aumentos salariales, que se concreta en la exigencia de pasar del actual salario mínimo de 32€ mensuales, situación insostenible, a 70€ y 100€, mínimos aún de miseria.

 Ante esta realidad causa una sorpresa positiva leer que la multinacional H&M, la segunda empresa de la industria de la moda, ha tomado una posición activa ante estos salarios miserables. H&M reclama un revisión urgente de los salarios mínimos en Bangladesh y los máximos dirigentes afirman con solemnidad : H&M reconoce que los sueldos en sus fábricas “no alcanzan para vivir”.

 Hasta aquí un diez para su Compromiso y Responsabilidad Social, porque, de ser algo más que palabras, sería la expresión de una condición necesaria de su Código de Conducta, donde se compromete, como deberían de recoger todos los Códigos contraídos por la casi totalidad de grandes empresas de la moda, a que los trabajadores y trabajadoras directos e indirectos que intervienen en su cadena de valor, tengan garantizado un salario digno.

 Un salario digno que tiene referencia en el concepto de "salario vital", y que se resume como aquel que debe percibir en efectivo un trabajador en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión social. Desgraciadamente ésto está aún muy lejos de la realidad de millones de personas en el mundo.

 Pero la sorpresa positiva de H&M se desvanece, y debería provocar indignación a todas aquellas personas que entiendan que no existe ninguna justificación para mantener un día más la situación actual, cuando en líneas siguientes H&M aclara que este objetivo de que "los salarios alcancen para vivir" se sitúa a partir de 2018. Cinco años para corregir lo que reconocen como injusto, inaceptable y antieconómico, es decir que los trabajadores que fabrican las prendas de sus marcas no reciban unos salarios mínimos "justos".

 Esperar cinco años, hasta 2018, no es una buena propuesta, ni una buena noticia. Pero además, más allá del plazo, constituye algo peor que un lamentable brindis al sol o un flash publicitario de dudosa decencia, el que una empresa reclame mejores salarios para los trabajadores de sus proveedores, si a la vez y paralelamente no asume que se fijen también precios adecuados para los productos que allí se confeccionan. Las multinacionales, para tener credibilidad, deben traducir su exigencia de modo que, en los contratos de compra, el coste del producto esté vinculado al "salario vital". Es ahí, y no en declaraciones, donde las multinacionales de la moda deben ganar su credibilidad al hablar de salarios dignos, ejerciendo su influencia, que es mucha, con gobiernos y organizaciones patronales de los países de sus proveedores, para reforzar el derecho a la negociación colectiva en las fábricas, para garantizar la libertad de afiliación sindical de los trabajadores y favorecer con sus pedidos a aquellas empresas con representación sindical como la mejor garantía de cumplimiento de la legalidad y de sus códigos de conducta.

 H&M debería, en lugar de reiterar a bombo y platillo sus buenas intenciones, actuar y promover el empoderamiento de los trabajadores y sus representantes, promoviendo mecanismos efectivos que desencadenen en la creación de sistemas efectivos de diálogo social. De esta manera, serán los mismos trabajadores, a partir de la negociación colectiva, los que intervengan en la definición de cuál es su salario vital. Para conseguir este objetivo a gran escala,  probablemente, como se ha demostrado en otras empresas,  la mejor herramienta sería la firma, por parte de H&M de un Acuerdo Marco Internacional con la Federación Sindical del Sector para afrontar con garantía la protección de los derechos laborales y sindicales.

 Son imprescindibles alianzas y presiones efectivas sobre las instituciones y patronales de Bangladesh para un aumento inmediato del salario mínimo de sus casi 5 millones de trabajadores textiles. Y es ahí, cómo en otras muchas ocasiones, donde queremos ver a las empresas de la moda españolas, y en particular a Inditex. Como la primera del mundo y con la dilatada experiencia que le aporta su Acuerdo Marco Internacional, debe liderar el esfuerzo, la negociación y la acción por el "salario vital" tanto en Bangladesh como en el resto de países. Ahí está la primera base de la Responsabilidad Social Corporativa: que la moda española sea conocida y valorada, no solo por su calidad  y precio sino también por su ejemplo de ética.

Joaquim González Muntadas

Director de Ètica Oeganizaciones SL

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