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El calentamiento global se encamina a rebasar en los próximos años el umbral de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París. Un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advierte de que cada décima adicional elevará los riesgos para las personas y los ecosistemas, aunque sostiene que todavía es posible reducir de nuevo las temperaturas antes de final de siglo si se acelera de forma drástica la acción climática.
El planeta se acerca al límite climático

Las temperaturas extremas, los grandes incendios forestales y las inundaciones mortales que están golpeando distintas regiones del planeta anticipan un escenario climático cada vez más peligroso. El mundo se aproxima a superar el calentamiento de 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales y evitar que ese rebasamiento sea prolongado se ha convertido en una de las prioridades más urgentes de la política climática internacional.

Así lo advierte el nuevo informe “Limiting Overshoot”, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que analiza las posibilidades que todavía existen para contener el aumento de las temperaturas y regresar posteriormente por debajo del umbral establecido en el Acuerdo de París. Según informa el organismo de Naciones Unidas, incluso el escenario más optimista contempla que el calentamiento alcance un máximo de alrededor de 1,8 °C, mientras que otras trayectorias apuntan a incrementos superiores a los 2 °C.

El diagnóstico llega acompañado de una advertencia clara: superar temporalmente los 1,5 °C no significa que los esfuerzos climáticos hayan dejado de tener sentido. Al contrario, la magnitud del calentamiento alcanzado y el tiempo durante el cual las temperaturas permanezcan por encima de ese límite determinarán buena parte de los daños futuros.

Cada fracción de grado aumenta los riesgos

Por encima de los 1,5 °C, las consecuencias del cambio climático se intensifican con cada fracción adicional de calentamiento y con cada año que el planeta permanece en esa situación. El PNUMA señala entre los riesgos el agravamiento de los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de ecosistemas y la amenaza que supone la subida del nivel del mar para los pequeños Estados insulares en desarrollo y las ciudades costeras situadas a baja altitud.

Las repercusiones se extenderían además a ámbitos esenciales para el bienestar humano, desde la salud y la seguridad alimentaria hasta la disponibilidad de agua, las infraestructuras, las ciudades y las economías. La crisis climática, por tanto, no se limita a un problema ambiental: puede amplificar vulnerabilidades sociales y económicas ya existentes.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha señalado los episodios de calor abrasador, los incendios forestales y las inundaciones mortales como una advertencia de lo que puede ocurrir si no se acelera la respuesta internacional. A su juicio, la prioridad debe ser conseguir que el eventual exceso sobre los 1,5 °C sea tan reducido y breve como resulte posible.

La preocupación no se limita a la intensidad de los fenómenos extremos. El informe advierte también de que cuanto mayores sean las temperaturas y más tiempo permanezcan elevadas, mayor será la probabilidad de atravesar puntos de inflexión capaces de desencadenar cambios irreversibles.

Entre ellos figura la posible desestabilización de grandes capas de hielo, la degradación de la selva amazónica y las alteraciones de la circulación meridional del Atlántico, un sistema de corrientes oceánicas que desempeña un papel fundamental en la regulación del clima. Algunos de estos impactos podrían aparecer bruscamente, mientras que otros se acumularían progresivamente.

Reducir emisiones y adaptarse al mismo tiempo

Frente a este escenario, Naciones Unidas defiende que mitigación y adaptación deben avanzar de manera simultánea. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero continúa siendo imprescindible, pero también será necesario preparar a las sociedades y los ecosistemas para unas consecuencias climáticas que, en determinados casos, ya no pueden evitarse completamente.

Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, advierte de que las olas de calor extremo están mostrando que los impactos pueden llegar más rápido, ser más intensos y prolongarse durante más tiempo. Por ello, reclama redoblar la acción climática, recortar las emisiones y reforzar tanto la resiliencia como las políticas de adaptación.

El organismo propone priorizar aquellas intervenciones capaces de contribuir simultáneamente a ambos objetivos, como las soluciones de enfriamiento basadas en la naturaleza. La adaptación emprendida ahora será, además, la base para responder en el futuro a riesgos climáticos que pueden evolucionar de manera no lineal o aparecer de forma abrupta.

Los combustibles fósiles y el metano, en el centro de la respuesta

El informe insiste en que todavía existen herramientas para modificar la trayectoria actual. Para ello será necesario acelerar la transición desde los combustibles fósiles hacia las energías renovables, reducir de forma contundente las emisiones de metano y proteger los suelos, los bosques y los océanos.

Una transición energética rápida aportaría también beneficios adicionales, entre ellos una mejora de la calidad del aire y de la salud pública, menores costes energéticos y un mayor acceso a la electricidad. Naciones Unidas reclama por ello una actuación inmediata, sostenida y coordinada internacionalmente.

El objetivo de cero emisiones netas, además, no debería entenderse como el punto final del proceso. El PNUMA lo considera un hito hacia una etapa posterior de emisiones netas negativas, en la que se retire de la atmósfera más dióxido de carbono del que se libera.

La eliminación de CO₂ de la atmósfera, mediante mecanismos como la forestación u otras alternativas, tendría que complementar y no sustituir las reducciones sostenidas de gases de efecto invernadero. El organismo advierte asimismo de que estas herramientas necesitarán marcos sólidos de gobernanza para garantizar su aplicación responsable y abordar cuestiones relacionadas con la integridad ambiental, la equidad y su utilización a gran escala.

La adaptación también tiene límites

Incluso con una respuesta climática ambiciosa, el planeta afrontará transformaciones que no podrán revertirse completamente. Años de insuficiente acción implican que, aunque las temperaturas consiguieran regresar por debajo de los 1,5 °C, existirán pérdidas irreversibles y condiciones ambientales permanentemente modificadas.

Algunas comunidades podrían verse obligadas a desplazarse o transformar sus medios de subsistencia, mientras que las sociedades tendrán que adaptarse a nuevas realidades. El PNUMA considera que esta situación plantea cuestiones de justicia, distribución del poder y legitimidad política que requerirán mecanismos de gobernanza inclusivos.

La financiación será otro elemento determinante. Naciones Unidas reclama que los países desarrollados tripliquen los recursos destinados a la adaptación y garanticen que lleguen especialmente a las poblaciones expuestas a mayores riesgos. Al mismo tiempo, los gobiernos tendrán que elevar el cumplimiento de sus planes climáticos nacionales y sus compromisos de neutralidad climática.

Justicia climática y mayor responsabilidad para quienes más han contribuido

La capacidad para limitar el calentamiento dependerá también de cómo se repartan los esfuerzos. El informe identifica como condiciones necesarias una voluntad política firme, el fortalecimiento del multilateralismo, políticas públicas eficaces, una gobernanza inclusiva y financiación suficiente.

La equidad y la justicia deben atravesar toda la respuesta climática. En este sentido, el PNUMA sostiene que los países con una mayor responsabilidad histórica en el cambio climático deben actuar antes y con mayor ambición, una cuestión especialmente relevante porque las consecuencias del calentamiento no afectan por igual a todas las sociedades.

El mensaje final de Naciones Unidas combina urgencia y margen de actuación. El planeta está cerca de superar temporalmente uno de los principales límites climáticos acordados internacionalmente, pero todavía existe la posibilidad de contener ese exceso y devolver el calentamiento por debajo de los 1,5 °C hacia finales de siglo.

Para conseguirlo, la próxima etapa deberá seguir una trayectoria de “rebasamiento, pico y descenso”: limitar al máximo el aumento de la temperatura, alcanzar cuanto antes su punto máximo y reducirla posteriormente mediante fuertes recortes de emisiones y, a largo plazo, emisiones netas negativas.

“La ciencia es clara”, ha subrayado Guterres. Las soluciones, sostiene Naciones Unidas, están disponibles y el mundo dispone de más herramientas que nunca para aplicarlas. La cuestión decisiva será ahora la velocidad y la ambición con las que gobiernos y comunidad internacional sean capaces de ponerlas en marcha.

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