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Este año la ONU ha situado el 8 Marzo, Día Internacional de la Mujer, como la ocasión de poner fin a todas las formas de discriminación y eliminar la violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluidas la trata y la explotación sexual, junto a otros tipos de explotación como el matrimonio infantil, precoz y forzado, y la mutilación genital femenina. En este mundo laboral que está viviendo una profunda y acelerada transformación tecnológica y digital, el objetivo es concienciar a la sociedad y exigir las necesarias políticas a los poderes públicos y económicos para que en el año 2030, se garantice el 50- 50 de hombres y mujeres en el empleo
El 8 de Marzo, romper la brecha digital

Entre otras iniciativas, como advirtió en 1995 la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer celebrada en Beijing, es imprescindible corregir la baja participación de las mujeres en las nuevas tecnologías y las sociedades de la información pues supone una brecha tecnológica y digital que las mujeres siguen padeciendo en relación a los hombres.

Como apunta la resolución de la ONU para este Día Internacional de la Mujer, para superar el déficit en presencia tecnológica y digital de la mujer, es imprescindible garantizar la igualdad de oportunidades en todos los niveles de la educación y la formación, y que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a una enseñanza preescolar, primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad.

A pesar de los evidentes progresos a escala mundial en favor de la equidad de género en la educación, los informes de la OCDE recuerdan cada año que no han sido suficientes para eliminar las desigualdades entre alumnos y alumnas. Existen factores sociales que dificultan este objetivo, pues los similares resultados en los 34 países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico), muestran que solo una de cada veinte chicas se imagina trabajando en el futuro en un área científica o técnica, precisamente donde están los empleos mejor pagados y de mayor calidad, frente a cuatro de cada veinte chicos.

A pesar de los reiterados estudios PISA que nos muestran que los rendimientos en ciencias en las escuelas de los chicos y las chicas son similares, el 50 % de los padres imagina a sus hijos varones trabajando en un área científica y técnica, y sólo el 20 % a sus hijas.

Para alcanzar el reto de la igualdad y la garantía del 50- 50 de hombres y mujeres en el actual mundo del trabajo, en profunda transformación por la revolución tecnológica y digital, es imprescindible que se incremente la participación de las mujeres en las profesiones tecnológicas, pues actualmente las chicas representan menos del 20% del alumnado de licenciaturas STEM (ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas).

Como ejemplo, es imprescindible modificar la realidad expresada en el reciente Mobil Word Congress celebrado en Barcelona, donde sólo el 25% de los asistentes han sido mujeres, y solo la mitad de este porcentaje han sido intervinientes en las conferencias, mientras que el personal que ha atendido los stands estaba integrado por azafatas en un 90%.

En todo el mundo se necesita un cambio significativo en la opción de la formación de las niñas y para ello es imprescindible que cambie su relación con las asignaturas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y garantice la posibilidad de competir con éxito por los "nuevos empleos" bien remunerados.

Es una prioridad poner la educación en el corazón de las políticas públicas de los gobiernos y la formación permanente de las trabajadoras en el centro de las políticas sindicales y en la negociación colectiva. La formación como una palanca más para combatir la brecha salarial, la discriminación profesional y los techos de cristal que existen aún en muchas empresas y sectores e impiden la promoción y el desarrollo profesional de las mujeres.

Aprovechemos este 8 de Marzo y dediquemos todos los esfuerzos, voluntades y recursos para combatir la discriminación de la mujer en las empresas y la sociedad. Comprometamos los recursos e iniciativas necesarias para alcanzar la igualdad de género en todo el mundo. Ya que, como escribió el anterior presidente de las Naciones Unidas, “no hay ninguna otra mayor inversión en nuestro futuro común”.

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