Siempre he defendido que a las personas hay que quererlas cuando están. Que lo que no hagas por ellas en vida, nunca más podrás hacerlo. Por eso, nunca he sido amiga de funerales ni de homenajes póstumos. Pero no toca pensar en mí, sino en Jordi. Intento ponerme en su piel y, conociéndole, creo, estoy segura, de que ver su Diario Responsable lleno de palabras para él le habría hecho (le hace) sentirse absolutamente feliz.