En el año 2025, en un mundo donde los algoritmos y los datos gobiernan las decisiones empresariales, surge una pregunta que resuena en los pasillos de las grandes corporaciones: ¿hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial en la toma de decisiones? Lo que antes parecía propio de la ciencia ficción, hoy se convierte en una cuestión ética de vital importancia.