La IA “nos susurra” al oído, con una nitidez estremecedora, que el mundo puede o no, ser un lugar amigable. A quien descansa en la comodidad de lo conocido, la mirada se le acostumbra a las distancias cortas de los pequeños espacios. Sin otros horizontes que las conversaciones e ideas de siempre, se existe seguro, tranquilo, estable. Dejarse vivir a veces es suficiente; a veces no.