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Vivimos un momento que recuerda bastante a la película “Los juegos del Hambre”. La carrera por la inteligencia artificial no es solo una disputa empresarial. Es una batalla por el orden mundial. Y Europa, atrapada entre dos superpotencias tecnológicas, tiene una decisión que puede marcar su futuro.
La nueva geopolítica de la IA, de la soberanía tecnológica a la Sostenibilidad global

En 2024, tres países concentraban el 80% de la inversión global en inteligencia artificial: Estados Unidos, China y, en menor medida, pero a ritmo acelerado, Reino Unido. En ese mismo año, la Unión Europea representaba apenas el 7% del gasto mundial en IA. No se trata de una cifra estadística. Es el reflejo de una fractura estructural que amenaza con convertir al continente más regulado en el menos relevante de la era tecnológica.

Se habla mucho de modelos, de tecnología, de centros de datos y de infraestructura, pero la soberanía tecnológica no es solo una cuestión de poder, sino de valores que tienen un impacto. En este punto, Europa tiene algo que ninguna otra potencia puede replicar: una tradición institucional construida sobre la dignidad humana, la protección del individuo y la rendición de cuentas democrática. Convertir esa tradición en ventaja competitiva es nuestro nuevo desafío estratégico.

La nueva geopolítica

Durante décadas, la geopolítica ha estado definida por el control de territorios, recursos energéticos y capacidad militar. La IA ha comenzado a escribir nuevos capítulos del libro. Hoy, quien controla los modelos de lenguaje, los chips de inferencia, los datos soberanos y las infraestructuras de computación en la nube, controla los flujos de información, los sistemas de decisión y la capacidad de actuación de gobiernos, empresas y ciudadanos.

Este nuevo mapa del poder tiene tres ejes fundamentales:

  1. La concentración del poder computacional. NVIDIA controla más del 80% del mercado de GPUs para entrenamiento de modelos de IA. AWS, Azure y Google Cloud gestionan más del 65% de la infraestructura cloud global. Cualquier empresa o gobierno europeo que entrene o despliega modelos de IA de gran escala lo hace, en su mayor parte, sobre infraestructura americana. Esa dependencia implica jurisdicción extranjera, acceso potencial a datos y, en escenarios de tensión geopolítica, vulnerabilidad sistémica.
  2. La carrera por los modelos fundacionales. GPT-4, Gemini, Claude, Llama, los grandes modelos de lenguaje que están redefiniendo cómo se trabaja, se investiga, se diagnostica y se gobierna son, casi en su totalidad, de origen angloamericano. No porque Europa carezca de talento, los investigadores europeos están entre los mejores del mundo, sino porque carece del ecosistema de capital, infraestructura y escala que convierte la investigación en productos que llegan a miles de millones de personas.
  3. El control de los datos como el nuevo petróleo geopolítico. Los datos sanitarios de 450 millones de europeos, los registros judiciales, los patrones de movilidad urbana, los datos industriales de las empresas están fragmentados, infrautilizados y, en muchos casos, accesibles a empresas extraterritoriales bajo marcos legales opuestos a los europeos. El RGPD fue un primer paso necesario, pero la soberanía del dato exige mucho más que regulación, requiere infraestructura.

Por qué la soberanía europea es responsabilidad global

Existe un argumento fácil, aunque equivocado que equipara la soberanía tecnológica con el proteccionismo digital. Esto que puede parecer inocente, es un error de diagnóstico con grandes consecuencias. Voy a tratar de explicarlo de la forma más sencilla posible.

La soberanía tecnológica europea no busca cerrar mercados. Busca garantizar que el desarrollo de la IA se produzca con salvaguardas democráticas, transparencia algorítmica y respeto a los derechos fundamentales. En un mundo donde sistemas de IA deciden sobre créditos hipotecarios, diagnósticos médicos, selección de candidatos o vigilancia pública, la pregunta de quién programa los valores de esos sistemas no es técnica. Es política. Es ética. Y si me apuráis es de extrema importancia.

Europa tiene aquí una responsabilidad que va más allá de sus fronteras por tres razones estructurales:

Primero, el efecto Bruselas funciona. La regulación europea, desde el RGPD hasta el AI Act por mucho que nos incomode, exporta estándares a nivel global. Empresas de todo el mundo adaptan sus productos a las exigencias europeas no solo para operar en Europa, sino porque los costes de mantener sistemas diferenciados son elevados.

Segundo, la sostenibilidad no puede divorciarse de la gobernanza algorítmica. Los modelos de IA consumen cantidades ingentes de energía y agua. Si el desarrollo de la IA queda dominado por actores sin compromisos vinculantes de sostenibilidad, la huella ambiental del sector se disparará. Europa, con sus compromisos del Green Deal y sus capacidades en energías renovables, puede imponer estándares verdes en el desarrollo de IA que tengan alcance global.

Tercero y no menos importante, la concentración del poder de la IA es un riesgo sistémico para la democracia global. Cuando dos o tres empresas privadas, o dos Estados con sistemas políticos no democráticos, controlan la infraestructura cognitiva del planeta, el pluralismo político queda expuesto a una fragilidad preocupante.

Iniciativas que ya están en marcha

Hay iniciativas concretas, con músculo institucional y ambición real, que merecen atención:

Gaia-X: La infraestructura de datos soberanos. Lanzado en 2020 con el impulso de Francia y Alemania, Gaia-X busca crear un ecosistema de datos federado donde proveedores europeos y no europeos puedan operar bajo estándares comunes de portabilidad, transparencia y soberanía. Su implementación ha sido más lenta y compleja de lo esperado, pero su arquitectura conceptual sigue siendo la más sólida disponible para construir una nube de datos verdaderamente soberana.

El AI Act: El primer marco regulatorio global para la IA. Aprobado en 2024, el AI Act europeo es el primer marco jurídico vinculante del mundo para el desarrollo y despliegue de sistemas de IA. Su enfoque basado en riesgo crea las condiciones para la innovación.

IPCEI CIS: Microelectrónica y Cloud soberana. Los Proyectos Importantes de Interés Común Europeo en el ámbito de la microelectrónica (ME/CT) y la infraestructura cloud e IA (CIS) movilizan miles de millones de euros en inversión pública-privada coordinada para construir capacidades semiconductoras y de computación avanzada en suelo europeo.

El European Research Council y los programas Horizonte. Con más de 95.000 millones de euros en el período 2021-2027, Horizonte Europa es el mayor programa de investigación e innovación del mundo. Sus líneas de financiación en IA, datos y computación de alto rendimiento son una ayuda a la investigación que debe transferirse al tejido empresarial y en ese punto estamos.

En geopolítica, la neutralidad no existe. Un actor que no actúa no se mantiene neutral: simplemente deja que otros decidan por él. Europa lleva demasiados años actuando como regulador de la tecnología de otros y creo que es momento de cambiar de rol, de observadores a creadores.

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