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Tienden a ver la riqueza como herramienta de cambio social. La proporción de la riqueza global en manos de las mujeres crece a un ritmo sin precedentes. Entre 2018 y 2023 su patrimonio ya aumentó un 51 %, frente a 43% general a escala mundial. Actualmente hay más mujeres que nunca ascendiendo en la escala empresarial y en el mundo de la empresa para lanzar negocios de éxito. Están creando un patrimonio para sí mismas. En la lista de Forbes de principales filántropos de EE.UU., el 46 % son mujeres -prueba de su creciente visibilidad e influencia-.
Las mujeres están transformando la filantropía

No es de extrañar que algunos de los nombres más influyentes en la filantropía global sean mujeres -como MacKenzie Scott o Melinda French Gates-. Simbolizan la nueva era. Sus planteamientos se han convertido en la piedra angular de un amplio movimiento.  Melinda French Gates ha convertido el empoderamiento de mujeres en palanca de transformación de la sociedad, expresado en su frase lapidaria: “Si quieres elevar al conjunto de la humanidad, empodera a las mujeres”.

De manera que hay más mujeres en la primera línea de la filantropía, redefiniéndola y acelerando su evolución.  Ello se refleja en un cambio del panorama filantrópico, ya no tan centrado en las donaciones tradicionales directas a instituciones benéficas.  Las mujeres actuales tienden a ver la riqueza como herramienta de cambio social, alineando decisiones financieras con valores y utilizando todas las palancas -donaciones, inversiones, redes e influencia- para generar impacto.  Están sacando partido a sus recursos.

Ahora la prioridad, más allá de la simple atención de los síntomas, es abordar las verdaderas causas de fondo y las condiciones subyacentes que propician la aparición de los problemas sociales. Para ello las mujeres combinan recursos financieros y capital social y simbólico en cuestiones desatendidas que demandan mayor responsabilidad a largo plazo. Es un cambio de paradigma, ya no orientado a dejar un legado personal sino a impulsar una transformación social genuina y escalable.

De manera que as conversaciones sobre filantropía ya rara vez se limitan a cuestiones superficiales. Ahondan en temas sobre el poder y sistemas, con preguntas sustanciales respecto a ¿qué hace falta para cambiar las condiciones que originan los problemas?

Supone un notable giro desde las tendencias imperantes del pasado, cuando el centro de gravedad filantrópico solía recaer en las instituciones consolidadas, los grandes programas, grandes eventos, grandes edificios y grandes y prestigiosos receptores.  Había excepciones, pero por defecto se tendía a la prudencia, a financiar lo contrastado, evitar la controversia, mantenerse fuera de la política y medir el éxito por el tono aséptico del informe de resultados.

Sin embargo, un estudio de Lily School of Philanthropy sugiere que las filántropas actuales dedican más tiempo a comprender plenamente los problemas.  Apuestan por un esquema colaborativo en sus donaciones, buscan mayor proximidad y están más abiertas a financiar la solución de las causas. Las cuestiones que plantean tienen mucho que ver con impacto, justicia y poder compartido y más inclinadas a centrarse en problemas largamente desatendidos -salud mental, violencia de género, dignidad e inclusión-, con el foco en el cambio sistémico a largo plazo.

Efectivamente, un creciente número de filántropos -en particular, mujeres- ha empezado a cuestionar las convenciones, proponiendo enfoques más ambiciosos, sistémicos, colaborativos y tolerantes al riesgo.  Con nuevos modelos de donación, priorizan la financiación sin restricciones y alianzas mediante estrategias colaborativas, empoderando a los receptores de los fondos con procedimientos menos burocráticos y toma de decisiones compartida para asegurar que patrimonio y valores total estén alineados. Se traduce cada vez más en inversión de impacto y activismo, emprendimiento e innovación social, con uso de las redes profesionales, estrategias audaces e innovadoras y mayor tolerancia al riesgo, paciencia -y valentía- para financiar las respuestas, con generosas donaciones sin restricciones y mínima burocracia. Es decir “permiso” para actuar con velocidad.

En última instancia, las mujeres están replanteando la manera de entender la filantropía, pasando del legado a la responsabilidad, de la aventura individual a la colaboración y de asuntos “seguros” a aquellos ignorados demasiado tiempo. No se limitan a preguntar cuál puede ser su aportación, sino qué se necesita cambiar y cómo conseguirlo, de manera concienzuda y audaz.

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