
Llevamos tres décadas hablando de sostenibilidad. Nunca habíamos producido tanto papel para explicar por qué es necesario destruir menos árboles. Nunca habíamos celebrado tantas cumbres del clima, a las que llegamos en jet, para firmar acuerdos que nadie cumple. Nunca habíamos tenido tantos departamentos de sostenibilidad y tan poca sostenibilidad real.
No solo es hipocresía. También es un sistema mal diseñado.
Hemos llegado al punto en que la literatura científica ya no alerta sobre el futuro, solo documenta que el pasado fue más grave de lo que dijimos. Cada nuevo informe revisa al alza lo que el anterior había subestimado y los pronósticos catastrofistas han resultado ser los optimistas.¹,²
Ahora, se nos ha acabado el tiempo de teorizar y comienza el del impacto real.
La sostenibilidad ha estado funcionando las últimas décadas como una disciplina paralela al negocio. Un departamento aparte, con sus propios indicadores y su propio lenguaje, que medía compromisos adquiridos y certificaciones obtenidas. Pero esto raramente se traducía al mundo real.
El error de fondo era asumir que el impacto de algo que haces depende directamente de la intención con la que lo haces. Como si comprometerse públicamente con algo fuera suficiente para que ocurriera. Lo que sabemos hoy es que no funciona así.
El impacto no se tangibiliza con una declaración; debe construirse dentro del producto que alguien compra, dentro de la experiencia que alguien vive, embebido en el servicio que diseñamos, en el proceso que se optimiza, etc.
Y para construirlo es necesario un enfoque adecuado a un mundo complejo e interconectado. Es decir, profesionales capaces de operar en la complejidad y no especialistas en sostenibilidad que hablan con otros. Perfiles interdisciplinares que entienden simultáneamente el negocio, el entorno regulatorio, las dinámicas sociales y las cadenas de valor; que saben que el cambio climático, la fragilidad geopolítica y la desigualdad no son problemas separados, sino que son manifestaciones distintas del mismo sistema y por tanto, tratarlos por separado produce exactamente las soluciones que llevamos tres décadas generando.
Las organizaciones que lideren este cambio no serán las que tengan los mejores informes de sostenibilidad. Serán las que hayan integrado el impacto en cómo toman decisiones ordinarias: en qué invierten, qué diseñan, cómo producen, dónde compran, con quién trabajan y qué miden.
Por eso, pasar a la acción exige liderar y tomar decisiones incómodas que generalmente se enfocan a largo plazo como rediseñar productos que funcionan bien en el mercado pero generan un impacto que ya no es asumible; cambiar proveedores con los que llevas años trabajando; así como invertir en sistemas cuyo retorno no es inmediato pero cuya ausencia será costosa.
Implica también ser honesto sobre lo que no ha funcionado. Y es que el sector lleva años celebrando iniciativas que no escalaron y compromisos que no se cumplieron. Pero esta honestidad no significa una derrota, es necesaria para iniciar el único punto de partida que tiene sentido.
La sostenibilidad debe ser la base para rediseñar procesos con una mirada realista. Debe contribuir a crear mejores productos, servicios y experiencias, sin renunciar a generar valor económico, social y ambiental al mismo tiempo.
El cambio climático ya no es una tendencia en los modelos de proyección, sino un coste operativo real. La automatización, la concentración de la riqueza y el debilitamiento de las clases medias están generando tensiones sociales que ninguna empresa puede ignorar indefinidamente. Un mundo en el que la prosperidad no alcanza a todas las personas no es solo un problema ético, sino un sistema frágil, incapaz de sostener la demanda, la estabilidad institucional y la confianza a largo plazo. Las organizaciones que entiendan esto además de ser las más responsables, serán más resilientes, más competitivas y estarán mejor preparadas para operar en un entorno que ya ha cambiado.
El impacto ha dejado de ser una opción ética. Es una condición de supervivencia y no va a esperar a que el discurso esté listo.
Fuentes:
¹ IPCC Sixth Assessment Report (AR6), 2023. Synthesis Report. Intergovernmental Panel on Climate Change. https://www.ipcc.ch/report/ar6/syr/
² Hansen, J. et al. (2025). "Global warming acceleration". Environment: Science and Policy for Sustainable Development. Columbia Climate School, NASA. https://insideclimatenews.org/news/04022025/james-hansen-research-documents-global-warming-acceleration/