
Hoy, Día Mundial del Medioambiente, es importante recordar que la actividad humana intensiva ha provocado a lo largo de la historia una continua degradación del medio. Pero, sin embargo, desde finales del siglo XX surgieron corrientes cada vez más crecientes sobre la protección al medioambiente, desarrollando así programas de educación ambiental, sensibilización y conservación.
Y esa conservación ha sido muy potente durante años, pero todavía necesita apoyo. WWF indica cómo en los últimos 50 años, en los que ya había políticas de conservación aplicadas, se ha podido detectar un promedio de pérdida del 73% de los individuos de ciertas poblaciones. A lo largo de estos años hemos podido observar que el paso de la degradación a la conservación es el paso del blanco al negro, mientras que el punto medio es la gestión del medioambiente, representando una amplísima gama de grises que hasta ahora no se había comenzado a utilizar. Desde Forética, nos enfocamos en esta correcta gestión del medioambiente, ayudando a las empresas a encontrar la manera de utilizar diferentes soluciones, como son la economía circular, la adaptación climática o directamente la naturaleza.
Como especie perteneciente al ecosistema, el ser humano no puede mantenerse en la inacción. Tenemos que ejercer un papel fundamental en el que se logre mantener el equilibrio entre los recursos naturales y el desarrollo de la humanidad, con el objetivo de establecer una corriente de responsabilidad apolítica para con el medioambiente, en el que el consumo de recursos sea racional, la generación de residuos sea la menor posible y las emisiones liberadas sean únicamente las imprescindibles.
Actualmente nos encontramos en un punto en el que la concienciación ya es enorme, la legislación tiene un rol importantísimo en el respeto de la humanidad hacia el medioambiente e incluso el sector privado ha logrado identificar mecanismos mediante los que alcanzar mayores ventajas competitivas y menores riesgos a los que estar expuesto, como mencionaba Forética en su Informe de Tendencias 2026.
Por tanto, es el momento de tomar acción y demostrar que estos nuevos modelos de negocio funcionan y poder evidenciar así que el respeto por el medioambiente no solo es bueno, sino que es necesario y rentable. El Circularity Gap Report menciona que, a nivel mundial, se estiman pérdidas por valor de 25.4 billones de euros por no pasar de un modelo lineal a uno circular.
Los grandes riesgos climáticos que amenazan a las empresas son provocados por los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, derivados del cambio climático. De hecho, en España en 2024 las aseguradoras tuvieron que indemnizar por valor de 6.400 millones de euros incidencias ocurridas por diferentes sucesos climáticos. Es entonces la descarbonización más necesaria que nunca, ya que se enfoca en reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero y, visto que no vamos a poder mantener el aumento en 1.5ºC, es necesario buscar nuevas soluciones.
El momento de la acción es ahora, y mediante la adaptación climática se desarrollan soluciones para amoldar el negocio a las nuevas necesidades que marcan las condiciones climáticas y fenómenos meteorológicos para poder mitigar esos riesgos; o con la transición climática, que busca pasar de depender de los combustibles fósiles a nuevas fuentes. La anticipación a los grandes impactos es necesaria, ya que mitigar es hasta 13 veces más barato que asumir los riesgos, por lo que el estudio técnico y la planificación previa ejecución e implementación son fundamentales para poder mitigar el cambio climático al que nos enfrentamos.
Pero yendo un paso más allá, es necesario valorar cada vez más seriamente las soluciones basadas en la naturaleza. Este tipo de soluciones son las que se vinculan directamente a la gestión de la tierra, influyendo de nuevo en las dinámicas climáticas. Pero en esta ocasión para revertir en la medida de lo posible las dinámicas climáticas tan extremas. El impacto que puede tener el ser humano en el medio natural pasará de ser negativo al impacto positivo, en el que se fomenten prácticas que mejoren la disponibilidad de nutrientes, la mejora de la calidad del aire o el mantenimiento del equilibrio ecosistémico tan necesario para no provocar grandes cambios que acaben traduciéndose a fenómenos climáticos que pongan en riesgo el estado actual del planeta.
Como conclusión, el momento es ahora. Debemos poner a prueba todas las soluciones y planes de adaptación y transición para demostrar que un nuevo modelo de producción es viable, en el que no se abusa del medioambiente, pero tampoco se vive al margen de él.