
Cada 8 de marzo es una oportunidad para reconocer lo avanzado y, a la vez, recordar que la igualdad se construye con convicción y con decisiones conscientes desde la sociedad y desde las empresas.
Uno de esos grandes cambios es la transformación sostenible de la economía. Hablamos de descarbonización, eficiencia, innovación, nuevos materiales, circularidad y también de una regulación cada vez más exigente para reducir nuestro impacto ambiental. En sectores como el de la construcción, esta transformación ya se encuentra en marcha y está redefiniendo la manera en la que diseñamos, rehabilitamos y construimos.
La construcción tiene por delante una responsabilidad decisiva. Gran parte de la transición sostenible pasa por rehabilitar el parque edificado, por soluciones más eficientes, por procesos industrializados y por una forma de construir capaz de responder a los retos ambientales sin perder de vista la calidad, la seguridad y la viabilidad. Es un desafío enorme y, precisamente por eso, exige sumar la mejor capacidad posible.
Aunque la imagen tradicionalmente masculina del sector está cambiando, el ritmo sigue siendo insuficiente. Y no es solo una cuestión de equilibrio o de representación: es estratégico porque el sector necesita sumar profesionales y capacidades para acelerar la rehabilitación, industrializar procesos y responder a un mercado cada vez más exigente.
La transformación que tenemos por delante exige talento, conocimiento técnico, capacidad de innovación y nuevas miradas. Ningún sector puede afrontar con éxito un reto de esta magnitud limitando el acceso de una parte del talento disponible.
Por eso, cuando hablamos de sostenibilidad, deberíamos hacerlo en un sentido completo. Sostenibilidad también es construir sectores más preparados para responder a los desafíos del presente y del futuro.
La diversidad es una palanca para innovar mejor. Incorporar más mujeres y, en general, perfiles distintos amplía la forma de analizar problemas y enriquece el diseño de soluciones. En un sector que evoluciona con rapidez, sumar perspectivas nos ayuda a crear respuestas más completas y alineadas con las necesidades reales de las personas.
También es clave el papel de los referentes. Si queremos que más niñas y jóvenes contemplen su futuro profesional en ámbitos técnicos, industriales o vinculados a la construcción, deben poder verse en ellos: en el aula, en las obras y en los equipos que lideran proyectos. Y necesitamos, como empresas y como sector, contribuir activamente a que esa puerta esté cada vez más abierta.
Precisamente por eso, el 8M puede ser una oportunidad idónea para visibilizarlo, aunque los datos muestran que el avance hacia la igualdad sigue siendo insuficiente.
Las mujeres afiliadas a la Seguridad Social en el sector alcanzaron las 166.833 trabajadoras en 2025, lo que supone 6.545 mujeres más que el año anterior (+4,1%), representando un 11,5% del total de personas trabajadoras en la construcción, el mejor dato desde 2014, cuando se alcanzó el 11,7%. Ahora bien, apenas 10.000 mujeres trabajan a pie de obra, es decir, menos del 7% del total de trabajadoras en la construcción.
Debemos confiar en la evolución que vive la construcción. La industrialización, la digitalización de procesos y la incorporación de nuevas tecnologías están transformando radicalmente la manera de edificar. Y también de rehabilitar.
Este nuevo modelo productivo reduce barreras tradicionales y abre la puerta a una mayor presencia femenina también en obra. El objetivo, según la patronal Confederación Nacional de la Construcion (CNC), de alcanzar el 15% de mujeres sobre el total de trabajadores no es una quimera, sino una meta realista si se acompaña de medidas decididas.
El sector lleva tiempo señalando la necesidad de incorporar más profesionales y desde la CNC llevan tiempo trabajando en un plan de choque que inlcuye formación, agilización administrativa y atracción de talento que, entre otros fines, incentiva la incorporación de más trabajadoras. No solo en oficinas técnicas o departamentos administrativos, sino también en los equipos de ejecución, donde está teniendo lugar una revolución tecnológica sin precedentes y donde la diversidad impulsa la productividad, la creatividad y la competitividad.
La construcción, y muy especialmente la rehabilitación, vive una particular edad de oro y tiene la oportunidad de incorporar más mujeres a sus equipos. La vivienda se ha convertido en la principal preocupación de los españoles y resolver este desafío exige un sector fuerte, dinámico y moderno. A ello se suma la oportunidad que representan los fondos europeos y el recientemente anunciado fondo soberano para ejecutar infraestructuras estratégicas y garantizar el adecuado mantenimiento y longevidad de las existentes, entre las que destacan las obras hidráulicas, cuya importancia se ha evidenciado durante los últimos temporales.
Para afrontar con éxito esta oportunidad, el talento femenino es una pieza esencial. Incorporar más mujeres a la construcción no es solo una cuestión de equidad, sino una condición necesaria para dar respuesta a los grandes retos económicos y sociales que encaramos como sociedad.