
Desde el Informe Brundtland, que puso nombre de mujer al concepto de “desarrollo sostenible”, hemos aprendido que la sostenibilidad no es solo CO₂: es también empleo, economía de los cuidados, salud, accesibilidad, movilidad, energía, alimentación, educación, innovación y gobernanza. Y en cada uno de esos engranajes de la máquina del progreso, la desigualdad de género es una variable estructural del propio modelo de desarrollo.
La transición requiere:
✅ toda la capacidad de innovación (y hoy se pierde por brechas educativas y laborales),
✅ toda la legitimidad democrática (y hoy falta representatividad en la toma de decisiones),
✅ toda la resiliencia socioeconómica (y hoy los cuidados recaen desproporcionadamente en mujeres).
La economía de los cuidados: la infraestructura invisible de la sostenibilidad
Hablamos de redes eléctricas, de hidrógeno verde, de materiales críticos. Pero hay una infraestructura sin la cual nada funciona: los cuidados.
Cuando no se reconoce ni se redistribuye el cuidado, corremos el riesgo de que la transición ecológica sea socialmente inviable: no por falta de tecnología, sino por falta de tiempo, salud y bienestar en los hogares.
Un dato clave: las mujeres realizan aprox. el 76% del trabajo de cuidados no remunerado a nivel global (Fuente: OIT/ONU Mujeres). Esto importa porque la transición —cambios de hábitos, adaptación a eventos extremos, reconfiguración del transporte, consumo energético— exige capacidad de reorganización cotidiana. Y esa carga, si no se corrige, cae de forma asimétrica.
Empleo verde: una oportunidad
La transición ecológica promete millones de empleos, pero si replicamos las inercias de STEM, industria y energía, corremos el riesgo de crear una economía verde con sesgo.
En el sector de renovables, las mujeres representan en torno al 32% de la fuerza laboral, mientras que en oil & gas rondan ~22% (Fuente: IRENA). En el conjunto del sector energético, algunas estimaciones sitúan la presencia femenina alrededor del ~16% (Fuente: IEA).
Proyectos como ToGetHER in STEM, del área de Operaciones de L’Oréal, o For Women in Science, apoyado desde la Fundación L’Oréal, cuyo fin fundacional es el empoderamiento femenino para la transformación, son necesarios para garantizar que el talento del futuro no replique sesgo ni desigualdad.
Sin mujeres en la mesa, la política climática pierde precisión
La transición ecológica necesita de decisiones estratégicas: fiscalidad, planificación urbana, permisos industriales, protección social, formación, incentivos. Pero la representatividad sigue siendo insuficiente.
Las mujeres ocupan alrededor del 26–27% de los escaños parlamentarios en el mundo (Fuente: IPU). Si el poder legislativo no refleja a la sociedad, la transición corre el riesgo de diseñarse con puntos ciegos: pobreza energética, acceso a formación, conciliación, salud ambiental, etc.
Liderazgo histórico
La historia de la sostenibilidad está llena de liderazgos femeninos que prueban que cuando las mujeres lideran, la agenda ambiental progresa. Algunas figuras clave, más allá de Brundtland son Jane Godall, Sylvia Earle, Rachel Carson, Wangari Maathai, Christiana Figueres, Mary Robinson o Katharine Hayhoe. Todas ellas promovieron avances y agitaron la agenda del desarrollo sostenible.
Por todas estas razones, la igualdad de género es sin duda conditio sine qua non para una transición ecológica real, porque sin igualdad la transición pierde velocidad, justicia y eficacia.