No puede lograrse una garantía efectiva de los derechos de género sin una plena conciencia global del concepto de «igualdad». Un concepto que todavía no parece ser plenamente comprendido y difundido universalmente. Las Naciones Unidas definen la igualdad de género como el disfrute por igual de derechos, responsabilidades y oportunidades para hombres y mujeres, independientemente de su sexo. Esto implica que deben tenerse en cuenta los intereses, necesidades y prioridades de cada individuo, sea hombre o mujer, respetando también las necesidades específicas de cada grupo.
Desde esta perspectiva, las sociedades también están llamadas a considerar la igualdad de oportunidades como un derecho individual de la persona, así como un prerrequisito e indicador de desarrollo sostenible.
En la actualidad, a pesar de los avances que las empresas han realizado en comparación con el pasado, un estudio publicado por Standard Ethics en 2023 muestra que, a nivel europeo -y en particular en Italia, Francia, Alemania, Reino Unido y España-, sólo el 29% de las mayores empresas cotizadas alcanzan la paridad de género en el Consejo de Administración, mientras que sólo el 35% de las empresas cuentan con la presencia de una mujer en el puesto de Consejero Delegado o Presidente. El camino hacia la igualdad de género es aún largo, no sólo en la práctica, sino también en la teoría. Muchas empresas aún tienden a confundir el concepto de «equilibrio» entre hombres y mujeres con el de «paridad» real, que se alcanza cuando cada sexo está representado al 50%. También es necesario trabajar en la adopción de herramientas de gobernanza en materia de igualdad de género adecuadas y acordes con las indicaciones internacionales, como la adopción de políticas específicas, que actualmente sólo han elaborado el 5% de las mayores empresas cotizadas de los cinco mayores mercados europeos.