
Las testificales revelan que hubo muchas personas que callaron ante los hechos vejatorios y abusivos del ex-presidente de la RFEF. Personas que en su momento no alzaron la voz para evitar que todas estas maniobras se siguieran produciendo. Una de ellas, la jefa de prensa de la selección, que estuvo presente, junto al director de comunicación de la RFEF, en el momento en que este le presentó a Jenni Hermoso, el comunicado de prensa que querían que firmara exculpando a Rubiales, por orden de este. ¿Por qué no denunciaron, en su momento, estas maniobras? ¿Por qué no se negaron a ser cómplices de este abuso?
El exvicepresidente de la RFEF, sentado junto a Rubiales en el avión, y según sus declaraciones en el juicio, presenció y escuchó como presionaban a Jenni y a su entorno para frenar el escándalo. ¿Por qué no protegió a la deportista? ¿Por qué no alzó la voz para detener las artimañas de Rubiales y su séquito? Dos cargos más, del equipo vinculado a la dirección de la RFEF, testifican en el juicio que declararon lo que les había indicado por escrito Rubiales y su entorno en el expediente interno de integridad que elaboró la RFEF para exculpar al ex-presidente. Nadie antes del juicio habló de todas estas mentorias y maquinaciones, ni las denunció, ni hizo nada para defender o apoyar a Jenni Hermoso y evitar los abusos a los que se vio sometida.
Rubiales, encarna el prototipo de un depredador, que abusa del poder, atenta contra la dignidad de las personas y hace y deshace como le viene en gana, contando con el silencio del rebaño que tiene alrededor. Años llevaban ocurriendo estos abusos, este machismo recalcitrante en la RFEF, sin que nadie dijera nada, mirando para otro lado. Así se mantienen estos depredadores en la cima, contando con la complicidad de los que enmudecen ante el poder.
Muchos fueron los que callaron mientras Rubiales era poderoso, perpetuándolo en su trono, siendo cooperadores necesarios de sus tropelías. Resulta curioso que Jenni Hermoso no obtuviera apenas apoyos desde el fútbol masculino cuando la noticia y las imágenes del beso saltaron a la luz. Sin embargo, cuando Rubiales comenzó a caer en desgracia, a raíz del incendiario discurso pronunciado ante la asamblea de la RFEF, donde se niega a dimitir y defiende que el beso a Jenni Hermoso fue consentido, empiezan a aparecer tímidamente algunas voces masculinas que se posicionan a favor de la futbolista.
¡Qué diferente fue la reacción de los futbolistas ante los insultos racistas a Vinicius! Puede ser que el racismo repugne más que el machismo, puede ser que los hombres prefieran defender a los de su género o puede ser que las injusticias pierden valor ante el miedo a las represalias de los poderosos que las comenten. Desde luego, sentencias como la del “caso rubiales” no ayudan a cambiar las cosas: que una injusticia, como la cometida con Jenni Hermoso, solo merezca 10.800 euros de multa, no promueve mucho la justicia, el respeto, la dignidad y la bondad.
La espiral del silencio[1] es una fuerza muy potente para dirigir nuestros comportamientos, sobre todo para enmudecernos ante la opinión mayoritaria o la de quienes ostentan el poder. Tenemos miedo a rebelarnos, a ser excluidos de la corte de los elegidos de quienes mandan, a sufrir las represalias de la autoridad. Tenemos miedo a hablar y mientras callamos, nuestro silencio da más poder a quienes lo tienen y lo usan para dominar y abusar.
La mayor parte de los casos de abusos sexuales, abusos a menores, explotación de personas se perpetúan gracias al silencio. Suelen ser conocidos por muchas personas del entorno, que callan sobre ellos, que miran para otro lado. La violencia machista se alimenta del silencio, gracias a él se ha mantenido y extendido a lo largo de años y años. Se nutre de los silencios de quienes están alrededor de las víctimas, que no las defienden, que no denuncian al maltratador. Hay casos muy mediáticos que los ponen de manifiesto, como el de Nevenka Fernández, o el de la trabajadora de la fábrica de Iveco que se suicidó en 2019 debido a la viralización de un video de contenido sexual en su empresa, pero hay muchos más que siguen en silencio.
El mundo entero se enfrenta a un nuevo depredador y de nuevo el silencio puede ser su mejor aliado. La embajada de Estados Unidos en España ha enviado un documento a sus proveedores españoles para que lo firmen certificando que no aplican Políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) si quieren contratar con el gobierno de los Estados Unidos. Trump ha declarado la guerra a la diversidad, equidad e inclusión. Veremos que respuesta tienen las empresas. Seguramente habrá mucho revuelo inicial, alguna que otra protesta y declaraciones, pero enseguida se instalará el silencio de los corderos.
En menos de un año dejaremos de leer informes y publicaciones que defienden que la diversidad es buena para las empresas, que contar con mujeres en los consejos de administración mejora la rentabilidad de las empresas. El depredador ha enseñado sus garras y ha impuesto su ley, la del dinero. Los que quieran seguir apostando por la diversidad se perderán un pedazo del pastel, del negocio, del dinero. Las multinacionales se enfrentan a un dilema ético: seguir defendiendo la diversidad como un valor fundamental o ceder a la presión política.
Algunos corderos ya han comenzando a seguir al pastor. Muchas empresas privadas están empezado a dar marcha atrás y desmarcarse de la denominada “ideología woke”, entre ellas, Walt Disney, Goldman Sachs y Google. Me temo que van a ser muchas más. Realmente, lo que va a ocurrir, es que se va a destapar lo que era un secreto a voces: que muchas políticas de diversidad e inclusión eran más por conveniencia, que por convicción, que el “washing” era más la norma que la excepción. Deloitte, por ejemplo, ha eliminado de su web en EE.UU. la mención a la diversidad como uno de sus valores fundamentales, pero lo mantiene en la web española.
Se nos llena la boca con la Responsabilidad Social, los ODS, pero somos incapaces de abrirla para denunciar lo que está mal, lo que es injusto, para enfrentarnos a los abusos de poder, para defender los valores que garantizan sociedades más humanas y sanas. Nuestro silencio es cómplice de muchos males y responsable del poder de muchos depredadores.
[1] La espiral del silencio es una teoría propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, que sostiene que las personas adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no en la sociedad en cada momento.