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Paseando por Madrid, hace un par de semanas, mi acompañante me dijo: “¿Eso que se ve allí es la bandera indepe?”. Me giré y vi que, efectivamente, la bandera independentista catalana estaba sobre un fondo verde claro en una pancarta que cubría un edificio entero en la intersección de las calles Goya y Alcalá. Fondo verde claro, naturalmente. La pancarta en su totalidad interpelaba a los votantes en las próximas elecciones a “decidir lo que importa”. Además de reconocer la bandera independentista, se distinguían símbolos del feminismo, la identidad de género, el movimiento okupa, el comunismo y la Agenda 2030, que una mano con una pulsera de la bandera de España tiraba a una papelera.
Decide lo que importa

Probablemente, los que me leéis ya sabéis de qué pancarta hablo. Yo debo ser nuevo en este país, pero me choca que un partido político pueda pensar que sale reforzado al publicar este tipo de anuncio. Además, su publicación me deja serias dudas sobre si, como sociedad, podemos avanzar si no somos capaces de ponernos de acuerdo en el fondo de algunos de los temas más notorios del momento.

Por un lado, están el feminismo y la identidad de género que, de forma habitual, se meten en un solo paquete. Es lamentable que se trate de imponer a otros cómo tienen que sentirse o qué tienen que pensar. También es penoso pensar que ya existe igualdad entre hombres y mujeres. Podemos hablar sobre si los caminos emprendidos para llegar a esa igualdad son los adecuados, pero… Tendría que ser más fácil respetarse que odiarse.

Por otro lado, está el independentismo (que no tiene por qué ser solamente catalán). Más fácil lo tendríamos para prosperar (quizás, hasta conjuntamente) si entendiéramos por qué se desea un país distinto al común y tratáramos de encontrar puntos de entendimiento. Está claro que no se puede llegar a un entendimiento si no lo quieren todas las partes, pero… Tendría que ser más fácil entenderse que destruirse.

Mientras tanto, la Agenda 2030 es un tema que trato a diario. ¿De verdad vamos a poner en duda los objetivos más ambiciosos de nuestra era, que pretenden mejorar nuestras vidas? Algunos de esos objetivos son erradicar la pobreza, que todo el mundo tenga acceso a agua limpia o que se pueda tener acceso a un trabajo decente (no puede haber nadie en contra de ninguno de los tres… ¿No?). De nuevo, podemos cambiar o adaptar las decisiones tomadas para conseguir esos objetivos, de forma que todos estemos de acuerdo, pero… Tendría que ser más fácil escuchar a los expertos que ir contracorriente (contra todo el mundo, literalmente).

Al final, el denominador común en todos los casos anteriores son la falta de respeto y la falta de empatía, además de dirigir las miradas al dedo en vez de a la Luna. La situación económica general del país, las desigualdades generacionales, la falta de eficacia y eficiencia de la Administración Pública (así como su desproporcionada dimensión) o la inoperancia de la Justicia son algunos de los temas que podríamos tratar de solucionar si nos miráramos a los ojos y nos aceptáramos entre nosotros. Porque, seamos honestos: ninguno de los “problemas” indicados en la pancarta son los más importantes que tenemos en nuestro país (al menos, no por los motivos por los que aparecen).

No necesitas ser independentista, ni comunista, ni ecologista, para entender sus demandas e inquietudes. Sé empático y, con tu voto… Decide lo que importa.

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