Principios básicos para garantizar el buen hacer en el Tercer Sector

La sociedad de nuestros tiempos es cada vez más exigente. Quiere saber, pide explicaciones y no se conforma con respuestas banales e incompletas. El ciudadano de hoy, acostumbrado a que la información fluya en todos los sentidos y a través de múltiples canales, demanda transparencia e integridad a las organizaciones e instituciones de todo tipo. Y cuando identifica prácticas deshonestas, manifiesta abiertamente su rechazo.

Del mismo modo, también muestra su reconocimiento ante las prácticas virtuosas, posicionándose públicamente en su defensa y tomando decisiones de compra, consumo, afiliación o colaboración en su favor.

Hoy en día, ser honesto y parecerlo es fundamental para el buen fluir de una entidad, del tipo que sea. Y esto no solo afecta a partidos políticos, empresas o instituciones públicas, sino que también incluye a las organizaciones del Tercer Sector.

La importancia del papel que desempeña una ONG en la sociedad no solo se mide por los resultados de su solidaridad. Hay toda una serie de factores que influyen en que su actividad sea considerada virtuosa por la ciudadanía, y que condicionan su decisión de colaborar con ella, a través de donaciones o acciones de voluntariado.

Como ciudadanos comprometidos, queremos estar seguros de que nuestra generosidad va a parar a una organización que realmente lo merece, y que se ha ganado nuestra confianza. Y para ello, estas entidades sin ánimo de lucro deben cumplir lo que en Fundación Lealtad hemos denominado los ‘9 Principios de Transparencia y Buenas Prácticas’.

Estas pautas se han definido a partir de modelos internacionales que se han adecuado a la realidad del Tercer Sector y a la legislación vigente en nuestro país. Y son garantía de que la gestión y gobernanza de las ONG es honesta, y que responden a la misión para la que fueron creadas.

Claves para una buena gestión

El primero de los principios es, precisamente, que las asociaciones y fundaciones deben tener una misión clara y pública, y que todas las actividades que realizan están alineadas con los fines que figuran en sus estatutos. Asimismo, deben tener una planificación detallada de dichas actividades, vinculada a unos objetivos cuantificables, y realizar un seguimiento de los resultados para poder analizar el impacto conseguido.

El órgano de gobierno de la entidad ha de ser independiente, activo y público, formado por al menos cinco miembros que se renuevan periódicamente y asisten regularmente a las reuniones. Para garantizar la independencia, se debe limitar la vinculación económica de los miembros del órgano de gobierno con la entidad. Y además, deben existir y aplicarse mecanismos para la gestión de los conflictos de interés que pudieran surgir.

La financiación de las ONG ha de ser transparente, desglosando y detallando los ingresos por partidas y procedencia. Para limitar los riesgos, debe estar diversificada con al menos un 10% de financiación privada, y evitando que ningún financiador aporte más del 50% de los ingresos.

Por supuesto, debe existir un exhaustivo control en el uso de los fondos. La distribución entre misión, administración y captación de fondos debe estar desglosada, y detallado el reparto de los fondos empleados para las diferentes actividades.  Además ha de contar con una política de aprobación de gastos y proveedores. Si la entidad solicita fondos para proyectos concretos, debe disponer de mecanismos de trazabilidad que garanticen que cada importe se destina a su fin correspondiente.

También debe perseguirse la sostenibilidad financiera de la organización, a partir de un presupuesto anual detallado, que evite poner en peligro la continuidad de la ONG. Tampoco se pueden acumular recursos de manera injustificada, los principios fijan un máximo del 150% del presupuesto de gasto (correspondiente a un año y medio de actividad).

La ONG debe mantener una comunicación transparente y veraz. Esto pasa por tener una página web completa y actualizada en la que se puedan consultar los principales datos y documentos de la entidad, hacer llegar información regular a los donantes y colaboradores a través de sus diferentes canales, y realizar un buen uso de su propia marca.

El voluntariado es una parte fundamental de la operativa del Tercer Sector, por eso ha de estar formado y ser participativo. Para ello, es necesario ofrecer actividades de capacitación y acompañamiento a sus voluntarios y unas coberturas adecuadas para garantizar su seguridad. Pero también exigir los certificados correspondientes para que la actividad que realizan esté exenta de riesgo para los beneficiarios.

Por último, como es lógico, las ONG han de cumplir la normativa que les aplica, como la relativa a protección de datos, a la publicación de las cuentas anuales o al control de donaciones, así como responder antes sus obligaciones tributarias y con la Seguridad Social.

La organización que cumple íntegramente con estos nueve principios está en disposición de obtener el sello Dona con Confianza, que acredita su transparencia, gestión eficaz, control de fondos y buen gobierno. El Sello le da prestigio, buena reputación y se lo pone fácil al ciudadano que desea colaborar.

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