Juntas en el ideal: un 8 de marzo para volver al trabajo

Hace unos días, mi hijo pegó a su hermano. Fue sin duda un acto violento, desgraciadamente las peleas aparecen a veces en una casa. Como madre, y como académica que comprende la psicología de un conflicto, siempre he tenido claro lo que no hacer: nunca se me ha ocurrido invitar al hermano herido a devolver el golpe, ni eliminar al ofuscado de las actividades en las que colabora en casa. No sólo por principios, sino por pura conveniencia. Nadie querría vivir con huéspedes que no se ayudan, ni se hablan y además te rompen la casa. Como madre práctica, he optado por otras alternativas. Enfadarme, hacerles entender, ayudarles a calmarse, razonar hasta expresarse y comprender mutuamente sus motivos. Hacerles entrar en razón hasta acabar en un abrazo. Como madre. Pero entonces,… ¿por qué no lo aplicamos fuera de casa?.

El amor, la inteligencia y la comprensión no sirven tras las fronteras de lo doméstico porque son otros los poderes que dirigen el mundo - o eso nos han hecho creernos. Y ese mundo sufre posado en Ucrania las consecuencias más extremas de un patriarcado de libro, enfermo por su propio cáncer de ego, ofensivas, e irracionalidad. Es hora de volver a decir basta. Este escenario de escalada insulsa y misógina de amenazas, ataques y orgullos no nos representa. Y no debemos dejar que lo haga. La violencia y el sinsentido del odio, la falta de comunicación y la venganza no nos corresponden, y ponen en peligro nuestros principios más profundos de feminismo y democracia.

Mujeres del mundo, hombres que nos acompañáis, no subestimemos nuestra fuerza. Durante años, hemos luchado por nuestros derechos. Es hora de volver a hacerlo, más fuerte y firme que nunca.  Salid a la calle para decir alto y claro que no queremos consentir este escenario insulso de violento patriarcado. Salgamos juntas una vez más de nuestras numerosas labores dentro y fuera de casa para sumarnos a la eterna lucha feminista de la no violencia. Juntas, podemos hacer oír al mundo. Escritoras, periodistas, actrices, ingenieras, amas de casa, publicistas, educadoras, políticas, activistas: movilizad vuestras armas – las de no usar ninguna más allá de la comprensión, la hermandad y la palabra. Mujeres de todos los bandos, rusas, africanas, asiáticas, europeas, americanas, australianas, ucranianas: liderad el cambio unidas para recordar al mundo que esta guerra, exactamente igual que las otras, no es romántica, necesaria ni banal.

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