Educación y flexibilidad: claves para lograr la igualdad de oportunidades

Creo que para un directivo la amabilidad es un valor fundamental. Todos dedicamos muchas horas a trabajar, y ser amables nos ayuda a sentirnos y hacer sentir mejor al resto, y genera un clima óptimo para dedicar nuestro esfuerzo a conseguir los mejores resultados. El trabajo en equipo también es esencial, sumar los valores individuales nos ayuda a hacer crecer el proyecto común, y para eso es necesario mantener una escucha activa de ideas y opiniones. Y siempre, trabajando con rigor y con la máxima profesionalidad.

Existen distintos estilos de dirección, pero dependen del carácter, la formación y los valores de cada persona, no tanto del género. Aunque sin duda, un rasgo que caracteriza a las mujeres es que somos polivalentes, porque a menudo tenemos familia y necesitamos solucionar temas personales y profesionales al mismo tiempo. En este sentido, creo que somos un poco malabaristas. Y también, el hecho de haber tenido que demostrar nuestra valía nos ha hecho desarrollar una capacidad de esfuerzo y de perseverancia que aplicamos cada día en el desempeño de nuestras responsabilidades.

Nunca he tenido jefas, pero admiro enormemente a muchas presidentas y directoras de ONG que, teniendo algún familiar enfermo o con discapacidad, no solo se enfrentan con valentía a la situación que les ha tocado vivir, sino que se involucran y se desviven por ayudar a los que se encuentran en una situación similar. De dónde sacan tanta energía y generosidad es algo que no deja de sorprenderme.

Sin duda, estamos viviendo una evolución notable en la incorporación de la mujer al mercado laboral, pero las dos claves para conseguir llegar a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres son la educación, para que exista un verdadero reparto de las tareas en el hogar, y la flexibilidad, para poder compatibilizar la carrera profesional y la vida familiar. Creo que el objetivo no es la paridad, porque probablemente no todos queramos lo mismo; el objetivo es alcanzar esa situación en que todos, hombres y mujeres, podamos aspirar a las mismas cosas, las mismas metas, sin importar nuestro género. El mayor reto es acabar con las enormes desigualdades que las mujeres sufren en tantos países.

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