Las nuevas generaciones no tendrán barreras entre hombres y mujeres

Para hacer frente a un mundo incierto, cambiante y cada día más tecnológico, es de vital importancia afianzar en el equipo una amplia base ética: fomentar el bien común, la humildad, el respeto por los demás y la empatía. El ego empresarial es el mayor enemigo de los equipos y dinamita las voluntades del grupo. Los valores a los que he aludido deben guiar nuestra vida personal, pero también tienen que trasladarse al ámbito laboral y de la empresa.

Sí pienso que hay un estilo propio vinculado al género, que no quiere decir que sea exclusivo de las mujeres. Creo que el liderazgo femenino va muy de la mano de nuestras capacidades de empatía, de pertenencia y de amar,  capacidades  que permiten desarrollar la motivación, la cortesía, la autodisciplina, el trabajo en equipo y la comunicación. Estas cualidades son decisivas en épocas de crisis dentro de la empresa y serán claves a la hora de enfrentarnos a la verdadera revolución digital que se está gestando: la hiperconectividad y los mundos virtuales paralelos.

He tenido el privilegio de crecer rodeada de mujeres inspiradoras, pero sin duda mi madre ha sido la que más ha marcado mi personalidad y mis valores. Ella creó su propia empresa sola, sin ayuda, al mismo tiempo que se ocupaba de su familia. De mi madre he aprendido a querer a los demás por encima de uno mismo, a escuchar activamente, a saber que nadie es mejor que nadie, a no dejarme embaucar por lo material y, sobre todo,  a ser humilde y luchar por lo que uno cree.

Cada vez hay más mujeres ocupando puestos directivos, de eso no hay duda. Y en las nuevas generaciones no encuentro barreras entre hombres y mujeres. Mi esperanza es que no tengamos que forzar la paridad numérica en las empresas, sino que acabe reinando la meritocracia. 

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