Depende de nosotros

Cada 20 de febrero pedimos justicia social. Año tras año, hoy, revivimos las injusticias que hemos visto a través de nuestros propios ojos y todas aquellas que suceden a millones de kilómetros. Intentamos, en pocas palabras, reivindicar y dar voz a aquellos que están reprimidos y que han sido callados.

Debemos de tener conciencia, saber de qué privilegios gozamos y utilizarlos para poder destruir las barreras que impiden tener una sociedad justa. Si nos quedamos de brazos cruzados, nos convertimos en unos verdaderos hipócritas.

No hay lucha más justa que la que pelea por erradicar las desigualdades. Garantizar los derechos humanos y perseguir la igualdad de oportunidades debe ser el motor de cualquier persona. Solo nosotros, con nuestras palabras y nuestras acciones, podemos hacer que en algún momento tengamos que dejar de celebrar este día, haciendo de la justicia social una realidad.

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