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No es brecha todo lo que lo parece

Llevamos unos días escuchando y participando en el debate surgido en torno a la dramática situación en la que se encuentra una parte de la sociedad (las “personas mayores”) que tiene grandes dificultades a la hora de realizar gestiones bancarias debido al cierre de su oficina habitual o a que, desde ella, les derivan a utilizar otros mecanismos como cajeros automáticos o aplicaciones bancarias online. Este colectivo se queja de que cualquiera de esos trámites, a través de estas nuevas tecnologías, les supone un gran esfuerzo porque o no las entienden o no son capaces de acceder a ellas.

Es por ello que está surgiendo (una vez más) la idea de que existe una “brecha digital” que está impidiendo a esta parte de la población la gestión de sus finanzas.

Estemos de acuerdo o no en sustituir las oficinas tradicionales por cajeros automáticos o aplicaciones online, lo que tenemos claro es que para que este colectivo pueda usar dichas herramientas, estas deben darles la posibilidad de llevar a cabo, al menos, las mismas tareas que la ventanilla tradicional. Y esto no es así, porque las nuevas tecnologías no les han tenido en cuenta hasta ahora. Es un puro problema de diseño.

Los cajeros automáticos no están diseñados para las personas mayores porque hasta ahora no eran su perfil de usuario primario. El tamaño de letra, los colores utilizados, la localización de los cajeros (a pie de calle, con ruido de coches, distintas condiciones de luminosidad que impiden ver la pantalla, numerosos botones físicos y táctiles, sensación de falta de privacidad, etc.) o no proporcionar instrucciones claras y sencillas para realizar los trámites, no son obstáculo para otra parte de la población, pero para ellos sí.

Por otro lado, las aplicaciones online tienen graves carencias en temas de accesibilidad. Ya lo hemos repetido muchas veces, pero la accesibilidad web no tiene como único foco permitir el acceso a personas con algún tipo de discapacidad. La accesibilidad web va de acceso universal, para todas las personas sean como sean.

Si la tendencia a futuro es que las nuevas tecnologías sean la alternativa a la ventanilla de la antigua oficina bancaria, estas herramientas deben estar bien diseñadas y ser accesibles, para no dejar a nadie fuera. Y de eso en Paradigma sabemos un rato.

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