
Tengo la sensación de que la vida se ha convertido en un juego. Un juego en el cual ciertas personas, gracias a su posición social, su color de piel o su dinero, empiezan la partida con una ventaja inmensa. Pero, ¿qué sentido tiene eso? ¿No se supone que todos somos iguales y que todos merecemos las mismas oportunidades? Al menos eso es lo que nos enseñan desde pequeños, ¿no?
Todas las personas gozamos de los mismos derechos fundamentales, eso nadie lo puede negar, pero por desgracia a muchos individuos se les arrebatan. Sin justificación alguna, no se les permite disfrutar de sus necesidades básicas y deben hacer frente a constantes inequidades.
Como sociedad no podemos permitir estas injusticias, no podemos pasar por alto las diferencias que se han construido y normalizado en nuestra sociedad. Es por ello que debemos luchar por la justicia social. Debemos perseguir la igualdad de oportunidades y garantizar los derechos humanos, para que todos los individuos puedan jugar la partida de la vida de manera equitativa.