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Es lo que mueve mis días

Cuando me levanto me inunda la esperanza de que éste será un día mejor, que tal vez hoy no me pitará algún coche por defender la sostenibilidad urbana con mi bicicleta. Que hoy, tal vez no muera ninguna mujer por el simple hecho de serlo. O que reciba el mismo salario por hacer el mismo trabajo, las mismas horas y la misma entrega.

A medida que pasa el día recuerdo que mi dedicación personal proyecta un futuro donde cualquier persona, venga de donde venga, pueda recibir una educación digna, que le permita llegar a donde quieran llevarle sus sueños. Un futuro donde las personas puedan expresar sus ideas y emociones sin miedos, sin represiones ni menosprecio. Y donde el alimento no sea un bien inasequible.

Por la tarde me sumerjo en la música, que me empapa en el pensamiento de que todos los oficios y profesiones, incluida la cultura, algún día serán valorados y remunerados. Sueño con ese día. Y no olvido a todas aquellas personas que han luchado por conseguirlo.

Cuando me voy a acostar pienso que, pronto, el mundo pondrá en su sitio a los que se aprovechan, los que crean más distancia y generan odio, dolor, separaciones… los que no entienden que si hacemos del mundo un lugar más justo ganamos todos.

Ya dormida, sueño con conseguir todo esto con las acciones del día a día. Y con la esperanza. Por eso, sueño también con ella.

Y así, día tras día.

En este artículo se habla de:
Opinióndia justicia social

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